Cuando abrió la puerta, Peter la encontró lívida con los ojos rojos de llorar durante horas. Su obvia tristeza lo dejó anonadado y con ganas de arrodillarse ante ella allí mismo y suplicarle perdón.
—¿Estás bien? Sé qué has visto los documentos del acuerdo que firmé con tu padre y sé que anímicamente no estás bien, pero quiero saber si físicamente el bebé y tú estáis bien.
—Los dos estamos bien, pero no voy a volver contigo —contestó Lali—, Me voy. Voy a pedir el divorcio. Me llevo al niño. No quiero volver a verte. Ni a ti ni a mi padre.
—Por favor, no me hagas eso —imploró Peter—. Por favor, escúchame —añadió agarrándola de la muñeca y cerrando la puerta a sus espaldas—. Sé que ahora mismo me odias, y tienes todo el derecho del mundo. Yo también me odio a mí mismo por lo que te estoy haciendo pasar, pero me gustaría que me dieras la oportunidad de explicártelo todo. Por favor.
Lali se cruzó de brazos con lágrimas en los ojos.
—Nada de lo que digas podrá arreglar lo que habéis hecho mi padre y tú.
—Tienes toda la razón. No te puedes imaginar cuánto lo siento, pero créeme si te digo que no me importa en absoluto el rancho de tu padre. Tu padre me hizo esa propuesta porque estaba preocupado por sus tierras ya que no sabía si te ibas a querer hacer te cargo de ellas cuando él muriera. Y yo la acepté porque... porque te quiero.
Lali estalló en carcajadas y puso los ojos en blanco.
—Sí, claro, ¿me tengo que creer que el hombre que me acusó de engañarlo con su propio hermano y que luego no me quería tocar una vez casados está enamorado de mí?
—¿Serviría de algo que te dijera que soy un idiota?
—No, eso ya lo sé.
Aquello hizo sonreír a Peter.
—Siéntate un momento, por favor —le pidió a continuación.
Lali dudó un momento, pero acabó aceptando la silla que Peter le ofrecía y Peter se colocó delante de ella y se arrodilló mirándola a los ojos.
—Soy un idiota por muchas razones, pero la más grande de todas es que he dejado que la traición de Suzanne me hiciera creer que jamás sería capaz de volver a confiar en una mujer, lo que es una tontería. En ti puedo confiar perfectamente. En lo más profundo de mí, lo sabía aunque no quisiera admitirlo. No creía que fuera a ser capaz de aguantar de nuevo el dolor y la humillación de que otra mujer me engañara. Por eso no quería casarme —le explicó Peter acariciándole la mano—. Durante muchos
años intenté no sentir nada, pero, de repente, me di cuenta de que te deseaba y de que por ti sentía un montón de cosas. Aquello me asustó y por eso acepté la oferta de tu padre. No fue porque me interesara el rancho sino porque quería estar contigo y no sabía cómo hacerlo. La oferta de tu padre fue la excusa perfecta para casarme contigo sin tener que admitir que sentía algo por ti. Y, luego, cuando me dijiste que estabas embarazada...
Le acarició la tripa.
—Dios mío, entonces me sentí el hombre más feliz del mundo, pero también sentí pánico, lo reconozco. Sin embargo, me dije que criar un hijo tiene que ser lo más maravilloso del mundo y que tenía que intentarlo —continuó—. Por favor, cariño, no te enfades con tu padre. Lo ha hecho con toda su buena intención aunque no haya acertado y, por favor, tampoco me odies a mí. Yo te quiero mucho y, si me dejas, no sé qué haría. Sé que no te merezco y que no tengo derecho a pedírtelo, pero, por favor, dame una segunda oportunidad. Vuelve a casa conmigo y deja que te demuestre que te estoy diciendo la verdad. Estoy dispuesto a quemar ese maldito documento y a hacer lo mismo con la copia de tu padre. Además, le he dicho a Suzanne que, como vuelva a aparecer por casa, la hago encarcelar, así que no la volveremos a ver.
—Me has hecho sufrir mucho, Peter —contestó Lali al cabo de unos segundos—. Me has hecho mucho daño —añadió mordiéndose el labio inferior.
Peter la abrazó con fuerza.
—Ya lo sé, cariño, y te pido perdón. Nada más lejos de mi intención. Yo nunca hubiera querido hacerte daño.
Lali sollozó sobre su hombro y Peter la abrazó todavía más fuerte.
—Por favor, Lali, no me dejes. Quédate conmigo y sé mi esposa, mi amante y la madre de mis hijos, ayúdame con el rancho y demuéstrale a todos los habitantes de Gabriel's Crossing que una vez cometí el error de casarme con la mujer equivocada, pero que ahora he acertado y me he casado con la única mujer a la que he amado en mi vida.
—¿De verdad me quieres? —le preguntó Lali apartándose levemente.
—Más que a mi propia vida —contestó Peter.
—¿Te habrías casado conmigo aunque mi padre no te hubiera hecho esa ridícula oferta y aunque no hubiera estado embarazada?
—Sí, probablemente me habría llevado un tiempo darme cuenta de que era lo que quería, lo reconozco.
Lali sonrió levemente.
—Yo llevo enamorada de ti desde que soy pequeña y nunca has dado muestras de sentir algo parecido por mí.
Peter se apartó sorprendido por lo que Lali acababa de decir.
—¿Has dicho que siempre has estado enamorada de mí? Lali asintió y le acarició el pelo.
Thursday, October 1, 2015
capitulo 76
—Pues que sea la última vez que vienes por aquí —le soltó Peter—. Quiero que te quede muy claro de una vez por todas que estoy con Lali y que esperamos un hijo, que la quiero y que no eres bien recibida en esta casa. Si vuelves por aquí, llamo al sheriff para que te detenga por allanamiento de morada. Si te crees que estoy de broma, ven otra vez y lo comprobarás.
Dicho aquello, se montó en el coche y se alejó con la única idea en la cabeza de encontrar a Lali cuanto antes.
Le había dicho a su ex mujer que estaba enamorado de Lali y era verdad. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Por eso había querido casarse con ella a pesar de que el matrimonio con Suzanne le había salido mal.
No había sido porque que su padre se lo hubiera pedido ni por lo que le había ofrecido a cambio sino porque ya entonces estaba enamorado de ella.
¿Podría convencer a Lali de aquello de lo que se acababa de dar cuenta o la habría perdido para siempre?
Mientras conducía, Peter llamó a su madre, que no sabía nada de Lali, y a su hermano.
—Lali ha desaparecido —le dijo en cuanto Pablo contestó el teléfono—. ¿Está contigo?
—¡Por favor, Peter, deja ya los celos! —se defendió su hermano—. Me estás empezando a hartar con tus sospechas.
—No te he preguntado si está en la cama contigo —murmuró Peter apretando los dientes—. Confío en ella y confío en ti también —añadió sinceramente.
Lali jamás lo engañaría como había hecho Suzanne. Peter se daba cuenta de que, de alguna manera, siempre lo había sabido y por eso había accedido a casarse con ella. Ni siquiera lo habría hecho porque estuviera embarazada si no hubiera confiado en ella.
—Te llamo porque estoy preocupado por ella y he pensado que, a lo mejor, tú sabías dónde estaba. Se me ha ocurrido que tal vez hubiera ido a verte para contarte lo que ha pasado.
A continuación, le habló a Pablo del documento que Lali había encontrado en su despacho y ambos hermanos se pusieron de acuerdo para encontrarla.
Tras colgar el teléfono, Peter comenzó a rezar para encontrar a Lali, para que ella y el bebé estuvieran bien, para que quisiera hablar con él y le diera la oportunidad de explicarse y para poder suplicarle que lo perdonara.
Y, por supuesto, para que lo creyera cuando le dijera lo mucho que la amaba.
Una hora después, Peter vio el coche de Lali en el aparcamiento del motel Dew Drop Inn que había a las afueras del pueblo.
Inmediatamente, frenó y dejó su coche junto al de su mujer. La tentación de ponerse a llamar a todas las puertas era grande, pero consiguió controlarse y dirigirse a la recepción, donde, tras preguntar en qué habitación estaba hospedada su esposa, tuvo que identificarse para que el adolescente que estaba a cargo se lo dijera.
En cuanto supo el número de la habitación, Peter se dirigió a ella y llamó a la puerta. Cuando nadie le contestó, volvió a llamar.
—¿Lali? Lali, soy Peter. Sé que estás ahí. Abre la puerta. Por favor.
—Vete.
Peter sintió que se le encogía el corazón ante aquellas palabras, pero también sintió un gran alivio al saber que estaba allí y que estaba bien. Sin embargo, se sintió fatal al darse cuenta de que Lali estaba llorando.
—Lali, cariño, por favor, abre la puerta. Quiero hablar contigo.
—Pues yo no quiero hablar contigo. Vete o llamo a recepción y digo que me estás molestando.
Peter apretó los dientes.
—Maldita sea, Lali, abre la puerta o la tiro abajo. Sólo quiero hablar.
Silencio.
—Muy bien, tú lo has querido, la voy a tirar —dijo Peter dando un paso atrás para tomar fuerza—. A la de una...
Nada.
—A la de dos...
—Está bien —murmuró Lali.
Dicho aquello, se montó en el coche y se alejó con la única idea en la cabeza de encontrar a Lali cuanto antes.
Le había dicho a su ex mujer que estaba enamorado de Lali y era verdad. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Por eso había querido casarse con ella a pesar de que el matrimonio con Suzanne le había salido mal.
No había sido porque que su padre se lo hubiera pedido ni por lo que le había ofrecido a cambio sino porque ya entonces estaba enamorado de ella.
¿Podría convencer a Lali de aquello de lo que se acababa de dar cuenta o la habría perdido para siempre?
Mientras conducía, Peter llamó a su madre, que no sabía nada de Lali, y a su hermano.
—Lali ha desaparecido —le dijo en cuanto Pablo contestó el teléfono—. ¿Está contigo?
—¡Por favor, Peter, deja ya los celos! —se defendió su hermano—. Me estás empezando a hartar con tus sospechas.
—No te he preguntado si está en la cama contigo —murmuró Peter apretando los dientes—. Confío en ella y confío en ti también —añadió sinceramente.
Lali jamás lo engañaría como había hecho Suzanne. Peter se daba cuenta de que, de alguna manera, siempre lo había sabido y por eso había accedido a casarse con ella. Ni siquiera lo habría hecho porque estuviera embarazada si no hubiera confiado en ella.
—Te llamo porque estoy preocupado por ella y he pensado que, a lo mejor, tú sabías dónde estaba. Se me ha ocurrido que tal vez hubiera ido a verte para contarte lo que ha pasado.
A continuación, le habló a Pablo del documento que Lali había encontrado en su despacho y ambos hermanos se pusieron de acuerdo para encontrarla.
Tras colgar el teléfono, Peter comenzó a rezar para encontrar a Lali, para que ella y el bebé estuvieran bien, para que quisiera hablar con él y le diera la oportunidad de explicarse y para poder suplicarle que lo perdonara.
Y, por supuesto, para que lo creyera cuando le dijera lo mucho que la amaba.
Una hora después, Peter vio el coche de Lali en el aparcamiento del motel Dew Drop Inn que había a las afueras del pueblo.
Inmediatamente, frenó y dejó su coche junto al de su mujer. La tentación de ponerse a llamar a todas las puertas era grande, pero consiguió controlarse y dirigirse a la recepción, donde, tras preguntar en qué habitación estaba hospedada su esposa, tuvo que identificarse para que el adolescente que estaba a cargo se lo dijera.
En cuanto supo el número de la habitación, Peter se dirigió a ella y llamó a la puerta. Cuando nadie le contestó, volvió a llamar.
—¿Lali? Lali, soy Peter. Sé que estás ahí. Abre la puerta. Por favor.
—Vete.
Peter sintió que se le encogía el corazón ante aquellas palabras, pero también sintió un gran alivio al saber que estaba allí y que estaba bien. Sin embargo, se sintió fatal al darse cuenta de que Lali estaba llorando.
—Lali, cariño, por favor, abre la puerta. Quiero hablar contigo.
—Pues yo no quiero hablar contigo. Vete o llamo a recepción y digo que me estás molestando.
Peter apretó los dientes.
—Maldita sea, Lali, abre la puerta o la tiro abajo. Sólo quiero hablar.
Silencio.
—Muy bien, tú lo has querido, la voy a tirar —dijo Peter dando un paso atrás para tomar fuerza—. A la de una...
Nada.
—A la de dos...
—Está bien —murmuró Lali.
capitulo 75
Una hora después, Peter se preparó un sándwich porque estaba muerto de hambre y pensó en llamar a Adrian para ver si su hija estaba con él. Sin embargo, no quería parecer demasiado protector ni controlador, así que esperó.
Dos horas después, estaba anocheciendo y Peter estaba empezando a sentirse realmente preocupado. Lali siempre le decía adónde iba y a qué hora iba a volver o solía llamarlo para que no se preocupara.
Peter ya no pudo más y llamó a casa de su padre, pero Adrian le dijo que Lali no estaba allí. Tras despedirse asegurándole que no pasaba nada y que seguro que llegaba de un momento a otro, se encontró con que no sabía dónde llamar pues no se sabía el teléfono de ninguna de sus amigas.
—Maldita sea —exclamó sintiendo que se aproximaba un dolor de cabeza.
¿Dónde demonios se habría metido? Hacía ya cuatro horas que él había vuelto de trabajar y, a lo mejor, incluso se había ido antes. De repente, Peter sintió miedo. ¿Y si se había puesto enferma? ¿Y se había comenzado a sentirse mal y se había ido corriendo al hospital sin tiempo de avisarlo?
No debería haberla dejado sola.
Peter corrió a su despacho con la idea de buscar los teléfonos de las amigas de Lali. Al abrir y cerrar cajones y revolver los papeles que había sobre la mesa en busca de su agenda, movió el ratón del ordenador y comprobó que la computadora estaba encendida, lo que lo preocupó todavía más porque Lali siempre la apagaba cuando se iba de casa.
En ese momento, Peter se fijó en los papeles que tenía ante sí, los leyó distraídamente y se dio cuenta de que era el documento que Adrian y él habían firmado poco después de la boda, el documento por el que el padre de Lali lo hacía heredero de su rancho cuando muriera.
Tras firmarlo, Adrian le había repetido repetidamente lo contento que estaba, pero él no se sentía así y ahora sabía por qué. Tendría que haberle dicho que no, que no le interesaba su rancho o, por lo menos, tendría que haber quemado los papeles en cuanto hubiera llegado a casa y no dejarlos donde Lali pudiera verlos.
Porque, obviamente, los había visto y ahora creía que solamente se había casado con ella por una parcela de tierra. Nada más lejos de la realidad, pero era imposible que ella lo supiera.
¿Cómo lo iba a saber si había hecho todo lo que había podido para mantener las distancias entre ellos?
Peter se pasó las manos por el rostro y se dijo que lo había estropeado todo. Lo peor era que le había hecho daño a Lali, lo último que hubiera querido hacer.
Tenía que encontrarla.
Al salir por la puerta a toda velocidad se encontró con la persona que menos le apetecía ver en aquellos momentos.
Suzanne.
—¿Qué demonios haces aquí? —le espetó.
—¿Qué voy a hacer, tonto? He venido a verte, por supuesto —contestó su ex mujer con voz melosa.
Dos horas después, estaba anocheciendo y Peter estaba empezando a sentirse realmente preocupado. Lali siempre le decía adónde iba y a qué hora iba a volver o solía llamarlo para que no se preocupara.
Peter ya no pudo más y llamó a casa de su padre, pero Adrian le dijo que Lali no estaba allí. Tras despedirse asegurándole que no pasaba nada y que seguro que llegaba de un momento a otro, se encontró con que no sabía dónde llamar pues no se sabía el teléfono de ninguna de sus amigas.
—Maldita sea —exclamó sintiendo que se aproximaba un dolor de cabeza.
¿Dónde demonios se habría metido? Hacía ya cuatro horas que él había vuelto de trabajar y, a lo mejor, incluso se había ido antes. De repente, Peter sintió miedo. ¿Y si se había puesto enferma? ¿Y se había comenzado a sentirse mal y se había ido corriendo al hospital sin tiempo de avisarlo?
No debería haberla dejado sola.
Peter corrió a su despacho con la idea de buscar los teléfonos de las amigas de Lali. Al abrir y cerrar cajones y revolver los papeles que había sobre la mesa en busca de su agenda, movió el ratón del ordenador y comprobó que la computadora estaba encendida, lo que lo preocupó todavía más porque Lali siempre la apagaba cuando se iba de casa.
En ese momento, Peter se fijó en los papeles que tenía ante sí, los leyó distraídamente y se dio cuenta de que era el documento que Adrian y él habían firmado poco después de la boda, el documento por el que el padre de Lali lo hacía heredero de su rancho cuando muriera.
Tras firmarlo, Adrian le había repetido repetidamente lo contento que estaba, pero él no se sentía así y ahora sabía por qué. Tendría que haberle dicho que no, que no le interesaba su rancho o, por lo menos, tendría que haber quemado los papeles en cuanto hubiera llegado a casa y no dejarlos donde Lali pudiera verlos.
Porque, obviamente, los había visto y ahora creía que solamente se había casado con ella por una parcela de tierra. Nada más lejos de la realidad, pero era imposible que ella lo supiera.
¿Cómo lo iba a saber si había hecho todo lo que había podido para mantener las distancias entre ellos?
Peter se pasó las manos por el rostro y se dijo que lo había estropeado todo. Lo peor era que le había hecho daño a Lali, lo último que hubiera querido hacer.
Tenía que encontrarla.
Al salir por la puerta a toda velocidad se encontró con la persona que menos le apetecía ver en aquellos momentos.
Suzanne.
—¿Qué demonios haces aquí? —le espetó.
—¿Qué voy a hacer, tonto? He venido a verte, por supuesto —contestó su ex mujer con voz melosa.
capitulo 74
Lali se puso en pie como pudo, agarrándose a los muebles y corrió a la cocina para vomitar en el fregadero. Sintiéndose como que se iba a desmayar en cualquier momento, se lavó la cara con agua fría.
Dios mío.
Su padre la había vendido como a una yegua y Peter la había comprado y se había casado con ella no porque la amara, no porque quisiera tener otra esposa sino a cambio de cien acres de tierra colindantes con la suya y varias cabezas de vacas y caballos.
Lali se agarró a la encimera mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas y recordó la primera propuesta de matrimonio de Peter y su insistencia la segunda vez en que quería hacerse responsable del hijo que iba a nacer.
Sí, seguro que quería hacer lo adecuado por el bien del niño, pero Lali estaba segura de que la generosa oferta de su padre también habría influido en su decisión.
Sollozando, subió las escaleras hacia el dormitorio con la idea de recoger sus cosas. Tenía que salir de allí cuanto antes. No quería seguir allí, no quería volverse loca.
Su matrimonio era una verdadera farsa. Ahora sabía que Peter le había mentido, la había traicionado y la había comprado.
Tras meter en una bolsa su cepillo de dientes, ropa interior y un par de camisetas y de pantalones, sin saber muy bien hacia dónde iba y con la certeza de que jamás volvería a aquella casa, se fue.
Para Suzanne, que Peter se quedara con ella y la dejaran en paz. Lo cierto era que no le importaba mucho. En aquellos momentos, lo único que quería era no tener que verlo jamás.
Por supuesto, tampoco iba a ir al rancho de su padre. Su padre era tan rastrero como Peter. ¿Cómo le había podido hacer aquello? ¡Su propio padre!
Lali salió de la casa con la bolsa de viaje en la mano, se subió en el coche con la vista nublada por las lágrimas, lo puso en marcha y salió de allí a toda velocidad con la única idea de alejarse de Peter Lanzani para siempre.
Peter abandonó las cuadras con una ligera cojera en la pierna izquierda pues aquella mañana había tenido un pequeño encontronazo con un toro. Una vez fuera, se dirigió a casa suponiendo que Lali estaría en la cocina preparando la cena como todas las noches.
Cuando lo veía entrar, le sonreía y le preguntaba qué tal le había ido el día y qué tal estaba el potro nuevo. A continuación, Peter se duchaba y bajaba a cenar.
Todo aquello se le antojaba muy acogedor. Vivir con Lali era maravilloso y tenerla en su cama, todavía mejor, pero no quería pensar demasiado en ello aunque era cierto que ya no sentía pánico cuando pensaba que estaba casado con ella y que iban a ser padres.
Sin embargo, no la encontró en la cocina y no olía a comida. A lo mejor, estaba arriba durmiendo o en el despacho trabajando.
Mientras se quitaba las botas, Peter pensó que todo iba estupendamente si no fuera por su ex mujer. Le había dicho ya en varias ocasiones que no tenía el más mínimo interés en ella y que estaba casado con otra mujer, pero Suzanne no le hacía ni caso.
Peter sospechaba que su insistencia no se debía a que quisiera volver con él sino a que quería que la mantuviera económicamente porque, ahora que se había divorciado de Kevin Burnes, no debía de tener dónde caerse muerta.
Por supuesto, él no tenía ningún interés en mantenerla. Además, ahora tenía una familia de la que ocuparse, así que no podía desperdiciar su tiempo, su energía y su dinero en una mujer que lo había engañado y lo había abandonado, algo que Lali jamás haría.
Peter entró en el despacho y comprobó que Lali tampoco estaba allí, subió a su dormitorio y miró también en el baño, pero tampoco la encontró en la planta superior.
Aquello no lo preocupó porque supuso que Lali podría haber ido a casa de su padre a hacerle una visita, así que se duchó. Veinte minutos después, la casa seguía vacía y silenciosa.
Fue entonces cuando Peter se fijó en que el coche de Lali no estaba en su sitio, aquello evidenciaba que había ido a casa de su padre o a hacer algún recado al pueblo. Lo sorprendía que no le hubiera dejado una nota como solía hacer, pero tampoco se preocupó. Pronto volvería.
Dios mío.
Su padre la había vendido como a una yegua y Peter la había comprado y se había casado con ella no porque la amara, no porque quisiera tener otra esposa sino a cambio de cien acres de tierra colindantes con la suya y varias cabezas de vacas y caballos.
Lali se agarró a la encimera mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas y recordó la primera propuesta de matrimonio de Peter y su insistencia la segunda vez en que quería hacerse responsable del hijo que iba a nacer.
Sí, seguro que quería hacer lo adecuado por el bien del niño, pero Lali estaba segura de que la generosa oferta de su padre también habría influido en su decisión.
Sollozando, subió las escaleras hacia el dormitorio con la idea de recoger sus cosas. Tenía que salir de allí cuanto antes. No quería seguir allí, no quería volverse loca.
Su matrimonio era una verdadera farsa. Ahora sabía que Peter le había mentido, la había traicionado y la había comprado.
Tras meter en una bolsa su cepillo de dientes, ropa interior y un par de camisetas y de pantalones, sin saber muy bien hacia dónde iba y con la certeza de que jamás volvería a aquella casa, se fue.
Para Suzanne, que Peter se quedara con ella y la dejaran en paz. Lo cierto era que no le importaba mucho. En aquellos momentos, lo único que quería era no tener que verlo jamás.
Por supuesto, tampoco iba a ir al rancho de su padre. Su padre era tan rastrero como Peter. ¿Cómo le había podido hacer aquello? ¡Su propio padre!
Lali salió de la casa con la bolsa de viaje en la mano, se subió en el coche con la vista nublada por las lágrimas, lo puso en marcha y salió de allí a toda velocidad con la única idea de alejarse de Peter Lanzani para siempre.
Peter abandonó las cuadras con una ligera cojera en la pierna izquierda pues aquella mañana había tenido un pequeño encontronazo con un toro. Una vez fuera, se dirigió a casa suponiendo que Lali estaría en la cocina preparando la cena como todas las noches.
Cuando lo veía entrar, le sonreía y le preguntaba qué tal le había ido el día y qué tal estaba el potro nuevo. A continuación, Peter se duchaba y bajaba a cenar.
Todo aquello se le antojaba muy acogedor. Vivir con Lali era maravilloso y tenerla en su cama, todavía mejor, pero no quería pensar demasiado en ello aunque era cierto que ya no sentía pánico cuando pensaba que estaba casado con ella y que iban a ser padres.
Sin embargo, no la encontró en la cocina y no olía a comida. A lo mejor, estaba arriba durmiendo o en el despacho trabajando.
Mientras se quitaba las botas, Peter pensó que todo iba estupendamente si no fuera por su ex mujer. Le había dicho ya en varias ocasiones que no tenía el más mínimo interés en ella y que estaba casado con otra mujer, pero Suzanne no le hacía ni caso.
Peter sospechaba que su insistencia no se debía a que quisiera volver con él sino a que quería que la mantuviera económicamente porque, ahora que se había divorciado de Kevin Burnes, no debía de tener dónde caerse muerta.
Por supuesto, él no tenía ningún interés en mantenerla. Además, ahora tenía una familia de la que ocuparse, así que no podía desperdiciar su tiempo, su energía y su dinero en una mujer que lo había engañado y lo había abandonado, algo que Lali jamás haría.
Peter entró en el despacho y comprobó que Lali tampoco estaba allí, subió a su dormitorio y miró también en el baño, pero tampoco la encontró en la planta superior.
Aquello no lo preocupó porque supuso que Lali podría haber ido a casa de su padre a hacerle una visita, así que se duchó. Veinte minutos después, la casa seguía vacía y silenciosa.
Fue entonces cuando Peter se fijó en que el coche de Lali no estaba en su sitio, aquello evidenciaba que había ido a casa de su padre o a hacer algún recado al pueblo. Lo sorprendía que no le hubiera dejado una nota como solía hacer, pero tampoco se preocupó. Pronto volvería.
capitulo 73
Ojalá Peter la tomara entre sus brazos y le asegurara que no tenía nada que temer, que la quería y que no sentía nada por su ex mujer, pero Peter no le podía decir algo que no sentía.
Aunque la deseara físicamente, la quisiera como amiga y como madre de su hijo, no la amaba como un hombre ama a su mujer.
Y aquello era lo que más la asustaba porque, si Peter no la amaba, no había ningún vínculo emocional que lo retuviera a su lado y la posibilidad de que volviera con su ex mujer era mucho mayor.
Lali hacía todo lo que podía para ocultar sus miedos, fingía que todo iba bien y que no le importaba lo más mínimo que Suzanne apareciera en su casa.
Lo único que los mantenía juntos era el bebé que iba a nacer y, aunque Peter le había dicho que quería hacer las cosas bien, que quería que aquel niño llevara su apellido y darle la estabilidad de un hogar en el que vivieran sus dos progenitores, Lali era consciente de que, si decidía volver con Suzanne, podría divorciarse de ella y seguir siendo un padre maravilloso.
Se le había ocurrido la idea de casarse con ella cuando no había tenido otra opción, pero ahora su ex mujer le estaba poniendo otras opciones sobre la mesa, dos opciones grandes y voluminosas que no todos los hombres serían capaces de ignorar.
Lali suspiró y dejó su taza de té sin teína sobre la mesa de la cocina. Ya llevaba demasiado tiempo perdido mirando por la ventana por si veía a Peter y deseando que las cosas fueran diferentes.
Tenía cosas que hacer y, mientras siguiera casada con él, lo mejor que podía hacer era disfrutar, así que tomó un plátano del frutero y se dirigió al despacho de Peter, que se estaba convirtiendo rápidamente en su despacho ya que ella era la única que lo utilizaba.
Una vez allí, se sentó en la butaca de cuero con ruedas, encendió el ordenador y le dio un mordisco al plátano mientras consultaba el correo. Cuando hubo terminado, se giró para dejar un montón de papeles que ya había examinado en una estantería y, al hacerlo, un sobre color manila cayó al suelo.
No lo había visto antes, pero tampoco la sorprendió porque Peter solía dejar sus cosas en la mesa para mirarlas cuando tuviera tiempo. No tenía remite ni sello, así que Lali lo abrió y comenzó a leer.
Ver el nombre de Peter en un documento legal no la sorprendió en absoluto y supuso que eran papeles del rancho, alguna compra o venta de ganado, pero cuando vio el nombre de su padre se quedó de piedra.
Entonces, volvió a leer el documento desde el principio lentamente. Cuanto más leía, peor se encontraba. Sentía que el estómago le daba vueltas y que tenía unas terribles náuseas.
«Oh, Dios mío, no puede ser cierto», pensó.
Sin embargo, allí lo tenía, ante ella, bien clarito. El documento era un codicilo legal, un anexo del testamento de su padre, en el que Adrian Esposito le dejaba su rancho a Peter con la condición de que se casara con su hija.
Aunque la deseara físicamente, la quisiera como amiga y como madre de su hijo, no la amaba como un hombre ama a su mujer.
Y aquello era lo que más la asustaba porque, si Peter no la amaba, no había ningún vínculo emocional que lo retuviera a su lado y la posibilidad de que volviera con su ex mujer era mucho mayor.
Lali hacía todo lo que podía para ocultar sus miedos, fingía que todo iba bien y que no le importaba lo más mínimo que Suzanne apareciera en su casa.
Lo único que los mantenía juntos era el bebé que iba a nacer y, aunque Peter le había dicho que quería hacer las cosas bien, que quería que aquel niño llevara su apellido y darle la estabilidad de un hogar en el que vivieran sus dos progenitores, Lali era consciente de que, si decidía volver con Suzanne, podría divorciarse de ella y seguir siendo un padre maravilloso.
Se le había ocurrido la idea de casarse con ella cuando no había tenido otra opción, pero ahora su ex mujer le estaba poniendo otras opciones sobre la mesa, dos opciones grandes y voluminosas que no todos los hombres serían capaces de ignorar.
Lali suspiró y dejó su taza de té sin teína sobre la mesa de la cocina. Ya llevaba demasiado tiempo perdido mirando por la ventana por si veía a Peter y deseando que las cosas fueran diferentes.
Tenía cosas que hacer y, mientras siguiera casada con él, lo mejor que podía hacer era disfrutar, así que tomó un plátano del frutero y se dirigió al despacho de Peter, que se estaba convirtiendo rápidamente en su despacho ya que ella era la única que lo utilizaba.
Una vez allí, se sentó en la butaca de cuero con ruedas, encendió el ordenador y le dio un mordisco al plátano mientras consultaba el correo. Cuando hubo terminado, se giró para dejar un montón de papeles que ya había examinado en una estantería y, al hacerlo, un sobre color manila cayó al suelo.
No lo había visto antes, pero tampoco la sorprendió porque Peter solía dejar sus cosas en la mesa para mirarlas cuando tuviera tiempo. No tenía remite ni sello, así que Lali lo abrió y comenzó a leer.
Ver el nombre de Peter en un documento legal no la sorprendió en absoluto y supuso que eran papeles del rancho, alguna compra o venta de ganado, pero cuando vio el nombre de su padre se quedó de piedra.
Entonces, volvió a leer el documento desde el principio lentamente. Cuanto más leía, peor se encontraba. Sentía que el estómago le daba vueltas y que tenía unas terribles náuseas.
«Oh, Dios mío, no puede ser cierto», pensó.
Sin embargo, allí lo tenía, ante ella, bien clarito. El documento era un codicilo legal, un anexo del testamento de su padre, en el que Adrian Esposito le dejaba su rancho a Peter con la condición de que se casara con su hija.
capitulo 72
Comían juntos y hablaban más de lo que lo habían hecho durante las primeras semanas de estar casados. A veces, trabajaban juntos, cuando ella le pedía que acudiera al despacho a mirar algún documento o él le pedía que lo ayudara en las cuadras.
Por supuesto, Lali era consciente de que Peter en realidad no necesitaba que lo ayudara y que se lo pedía para que se sintiera útil. Claro que ella tampoco necesitaba su ayuda con el papeleo, pero lo hacía para tenerlo cerca y para sentir que eran un equipo.
Además, dormían juntos en el dormitorio de Peter, donde hacían el amor, murmuraban en la oscuridad y dormían uno en los brazos del otro.
Era casi perfecto.
Casi.
Peter seguía sin quererla y Lali lo sabía y lo aceptaba de alguna manera. Lo que más miedo le daba en aquellos momentos era Suzanne. Suzanne Yates Burnes, que en aquellos momentos estaba haciendo todo lo que podía para convertirse de nuevo en Suzanne Lanzani.
Había vuelto a presentarse en su casa cuatro veces. Aparecía cada dos o tres días, tirándole puñales a ella mientras ligaba con Peter y aprovechaba cualquier oportunidad para tocarlo.
Había que decir en defensa de Peter que intentaba zafarse de todas sus caricias y dejarle claro que no tenía ningún interés en ella ni en que apareciera por allí, pero su ex mujer se hacía la sorda y, para colmo, le daba exactamente igual que la actual mujer de su ex marido estuviera delante.
Lali sabía que las visitas de Suzanne molestaban a Peter porque, cuando su ex mujer se iba, estaba serio y distante, apenas hablaba, dormía apartado de ella y no la tocaba.
Lali intentaba no tomárselo personalmente porque entendía que su ex mujer lo había engañado y lo había abandonado por otro hombre y ahora había vuelto. Aquello era más que suficiente para que cualquier hombre estuviera de mal humor, pero no podía evitar tener miedo de que se estuviera distanciando de ella, de que la presencia de Suzanne los estuviera alejando.
Peter le había dicho que no quería nada con Suzanne, que no quería reconciliarse con su ex mujer, pero ¿cómo saberlo seguro?
Lali sabía que la había amado en el pasado y que su traición le había dolido muchísimo y todavía no sabía si se habría repuesto de ello.
¿Qué ocurriría si Peter recordaba a la Suzanne que había conocido, de la que se había hecho novio y con la que se había casado? ¿Y si decidía que merecía la pena darle una segunda oportunidad y ver qué tal les iba?
La mera idea de que aquella posibilidad se cumpliera hacía que Lali sintiera un escalofrío de pies a cabeza.
Por supuesto, Lali era consciente de que Peter en realidad no necesitaba que lo ayudara y que se lo pedía para que se sintiera útil. Claro que ella tampoco necesitaba su ayuda con el papeleo, pero lo hacía para tenerlo cerca y para sentir que eran un equipo.
Además, dormían juntos en el dormitorio de Peter, donde hacían el amor, murmuraban en la oscuridad y dormían uno en los brazos del otro.
Era casi perfecto.
Casi.
Peter seguía sin quererla y Lali lo sabía y lo aceptaba de alguna manera. Lo que más miedo le daba en aquellos momentos era Suzanne. Suzanne Yates Burnes, que en aquellos momentos estaba haciendo todo lo que podía para convertirse de nuevo en Suzanne Lanzani.
Había vuelto a presentarse en su casa cuatro veces. Aparecía cada dos o tres días, tirándole puñales a ella mientras ligaba con Peter y aprovechaba cualquier oportunidad para tocarlo.
Había que decir en defensa de Peter que intentaba zafarse de todas sus caricias y dejarle claro que no tenía ningún interés en ella ni en que apareciera por allí, pero su ex mujer se hacía la sorda y, para colmo, le daba exactamente igual que la actual mujer de su ex marido estuviera delante.
Lali sabía que las visitas de Suzanne molestaban a Peter porque, cuando su ex mujer se iba, estaba serio y distante, apenas hablaba, dormía apartado de ella y no la tocaba.
Lali intentaba no tomárselo personalmente porque entendía que su ex mujer lo había engañado y lo había abandonado por otro hombre y ahora había vuelto. Aquello era más que suficiente para que cualquier hombre estuviera de mal humor, pero no podía evitar tener miedo de que se estuviera distanciando de ella, de que la presencia de Suzanne los estuviera alejando.
Peter le había dicho que no quería nada con Suzanne, que no quería reconciliarse con su ex mujer, pero ¿cómo saberlo seguro?
Lali sabía que la había amado en el pasado y que su traición le había dolido muchísimo y todavía no sabía si se habría repuesto de ello.
¿Qué ocurriría si Peter recordaba a la Suzanne que había conocido, de la que se había hecho novio y con la que se había casado? ¿Y si decidía que merecía la pena darle una segunda oportunidad y ver qué tal les iba?
La mera idea de que aquella posibilidad se cumpliera hacía que Lali sintiera un escalofrío de pies a cabeza.
capitulo 71
Tras vestirse, bajó a la cocina, donde encontró a Lali preparando la cena. Estaba empanando pechugas de pollo y friéndolas, uno de los platos favoritos de Peter que, sin embargo, estaba tan disgustado que apenas tenía apetito.
Al verlo entrar, se giró hacia él y sonrió, pero era una sonrisa triste.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó volviéndose a ocupar de las pechugas de pollo.
—Sí —contestó Peter aunque no era cierto—. Mira... te quería pedir perdón por no haber hablado contigo cuando se ha ido Suzanne —añadió yendo hacia ella y apoyándose en la encimera.
—No pasa nada, lo entiendo —contestó Lali mirándolo de reojo y siguiendo con las pechugas.
Peter pensó que, tal vez, aquél era precisamente el problema. Lali era demasiado comprensiva. Si le hubiera hecho algo parecido a Suzanne, se habría enfadado, habría gritado, llorado y aullado, lo habría perseguido por la casa y, posiblemente, le habría tirado algo a la cabeza.
Era una ironía, pero el hecho de que Lali no reaccionara así lo molestaba. ¿Acaso no le importaba que su ex mujer se hubiera presentado en su casa de repente? ¿Acaso no le importaba que Suzanne hubiera abandonado a su segundo marido y quisiera volver con él?
Lo cierto era que no le habría importado que Lali hubiera mostrado ciertos celos. Él se había puesto de lo más celoso cuando la había encontrado en brazos de su hermano.
Sin embargo, Lali no parecía estar celosa de Suzanne en absoluto, lo que ponía a Peter de muy mal humor.
—En cualquier caso, quiero que sepas que no creo que vuelva a venir por aquí.
Lali asintió, pero no reaccionó, así que Peter se dijo que era mejor dejar las cosas como estaban porque, al fin y al cabo, la visita de Suzanne no había sido idea suya, así que tampoco tenía por qué pedir perdón mil veces.
—¿Te ayudo?
—Sí, vete poniendo la mesa —contestó Lali.
Peter así lo hizo y se dijo que todo iba bien, que todo estaba aclarado y resuelto y que podían seguir adelante con sus vidas, pero el nudo que sentía en la boca del estómago mientras ponía la mesa le indicaba que no era así.
Peter tenía la corazonada de que las cosas entre Lali y él iban a empeorar.
«Podría ser peor», se dijo Lali un par de semanas después.
Su relación con Peter no había vuelto a ser feliz y eufórica, como ella creía que iba a ser antes de la aparición de Suzanne, pero tampoco había vuelto a ser fría y distante como antes.
Al verlo entrar, se giró hacia él y sonrió, pero era una sonrisa triste.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó volviéndose a ocupar de las pechugas de pollo.
—Sí —contestó Peter aunque no era cierto—. Mira... te quería pedir perdón por no haber hablado contigo cuando se ha ido Suzanne —añadió yendo hacia ella y apoyándose en la encimera.
—No pasa nada, lo entiendo —contestó Lali mirándolo de reojo y siguiendo con las pechugas.
Peter pensó que, tal vez, aquél era precisamente el problema. Lali era demasiado comprensiva. Si le hubiera hecho algo parecido a Suzanne, se habría enfadado, habría gritado, llorado y aullado, lo habría perseguido por la casa y, posiblemente, le habría tirado algo a la cabeza.
Era una ironía, pero el hecho de que Lali no reaccionara así lo molestaba. ¿Acaso no le importaba que su ex mujer se hubiera presentado en su casa de repente? ¿Acaso no le importaba que Suzanne hubiera abandonado a su segundo marido y quisiera volver con él?
Lo cierto era que no le habría importado que Lali hubiera mostrado ciertos celos. Él se había puesto de lo más celoso cuando la había encontrado en brazos de su hermano.
Sin embargo, Lali no parecía estar celosa de Suzanne en absoluto, lo que ponía a Peter de muy mal humor.
—En cualquier caso, quiero que sepas que no creo que vuelva a venir por aquí.
Lali asintió, pero no reaccionó, así que Peter se dijo que era mejor dejar las cosas como estaban porque, al fin y al cabo, la visita de Suzanne no había sido idea suya, así que tampoco tenía por qué pedir perdón mil veces.
—¿Te ayudo?
—Sí, vete poniendo la mesa —contestó Lali.
Peter así lo hizo y se dijo que todo iba bien, que todo estaba aclarado y resuelto y que podían seguir adelante con sus vidas, pero el nudo que sentía en la boca del estómago mientras ponía la mesa le indicaba que no era así.
Peter tenía la corazonada de que las cosas entre Lali y él iban a empeorar.
«Podría ser peor», se dijo Lali un par de semanas después.
Su relación con Peter no había vuelto a ser feliz y eufórica, como ella creía que iba a ser antes de la aparición de Suzanne, pero tampoco había vuelto a ser fría y distante como antes.
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