-¿Cómo sabes que este sitio es alquilado? -le preguntó Lali, cuando él estaba alejándose.
Peter se dio la vuelta.
-También me gustaría pedirte algo -murmuró con voz aterciopelada-. Pareces una mujer que sabe complacer bastante bien a los hombres, así que por favor báñate antes de que venga mañana.
-¡Cómo te atreves!
La puerta de la limusina se cerró suavemente. Con la cabeza dándole vueltas, Lali se metió en la casa y se sentó a la mesa de la cocina. Estaba indignada. Por un momento sintió que iba a estallar. ¡La había llegado incluso a amenazar! Pero había que entender que Peter se jugaba demasiado...
¿Cuánto dinero habría dejado Nicolas en metálico? Sintió un escalofrío al pensarlo. Nicolas había sido el propietario de un astillero, un hotel y una cadena de tiendas en Grecia. En el Reino Unido tenía negocios inmobiliarios. Su padre había actuado de forma impulsiva al modificar el testamento.
De pronto, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Nicolas siempre le había hablado de Peter con orgullo, afecto y admiración. También le había dicho que, en Grecia, los padres con una buena posición económica, influían en sus hijos, cuando éstos elegían esposa. -¡Se ve que tienes sangre española! -le había respondido ella.
-Mallorquina -le había corregido su padre, orgulloso de haber nacido en Mallorca, a pesar de haber vivido en Grecia más de cuarenta años.
Apretó los puños. ¡Peter Lanzani era un hombre despreciable! La había llamado zorra, guarra y fulana. Y lo peor de todo era que la había acusado de haber terminado con la vida de Nicolas, por el sentimiento de ansiedad que había creado en él. El estómago le dio un vuelco. Ya podía hacer lo que quisiera contra ella, que no estaba dispuesta a ceder. Porque al fin y al cabo el que les había alquilado aquella casa era el tío de Nico. ¡No estaba dispuesta a seguirle el juego a Peter, sólo para que consiguiese la fortuna de Nicolas!
-Ese que ha venido era tu hermanastro, ¿no? -Nico se puso a su lado y lo miró a los ojos, que los tenía brillantes de las lágrimas-. ¿A qué otro conocemos que vaya por ahí en limusina?
-Sí era el favorito de Nicolas.
-¿Le has dicho esta vez quién eres? -le preguntó Nico con dulzura.
-¿Para qué? No tengo que decirle nada a ese desgraciado. Si Nicolas no se lo dijo, no soy quién para decírselo.
-Es de suponer que Lanzani vino hasta aquí por lo de la herencia.
Lali reprimió la risa.
-¡No he heredado nada! ¡Nicolas sólo me dejó a Peter!
-¿Cómo dices? -le preguntó Nico, con cara de incredulidad.
-De hecho mi padre intentó imponérmelo, como si yo fuera una niña desvalida que necesitara protección -viendo la cara que ponía Nico, Lali levantó la cabeza y se lo explicó todo. -Dios mío -fue lo único que en un momento determinado del relato dijo Nico, pero a partir de ese momento escuchó con atención.
-Y ese cerdo ignorante y arrogante piensa que yo voy a aceptar -Lali apretó los labios.
Nico se apoyó en el respaldo de la silla.
-Tu padre le ha dejado en una situación bastante comprometida.
-¿Perdón?
Nico movió la cabeza.
-¿Sabes con qué rapidez se puede hundir una empresa si no recibe dinero en metálico? Si el dinero no entra, tampoco sale...
-No sé nada de los negocios que tenía Nicolas, ni tampoco quiero saberlo -contestó Lali. -Piensa un poco Lali. Peter está contra las cuerdas. No es de extrañar que esté tan furioso...
-¿De qué lado estás tú?
-Del de siempre, del lado del sentido común y del beneficio -contestó Nico, sin disculparse-. ¿No te importa que los negocios de tu padre se hundan tan sólo por una cuestión legal? Es evidente que Peter no quiere llevar esto ante los tribunales.
Lali se sonrojó, al darse cuenta de que no había considerado la situación desde los dos puntos de vista.
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