Sunday, May 10, 2015

capitulo 13

Frunció su ceño aristocrático, la miró con asombro y sonrió, dulcificando sus duras facciones. Aquella sonrisa fue como una luz en la oscuridad. Al cruzar su mirada con aquellos ojos verdes   sintió que los músculos de su estómago se tensaban y los latidos de su corazón se aceleraban.
-Tienes un pelo precioso -murmuró él.
-Sólo las muñecas de trapo tienen estos rizos -contestó Lali, mientras miraba el refresco que acababa de levantar de la mesa, sus sudorosas manos agarrándose al vaso, para disimular su temblor.
Cuando lo vio por primera vez en la iglesia, había pensado que su nerviosismo se debía a otras razones. Pero el día anterior, al verlo, su cuerpo había reaccionado de la misma manera, una respuesta sexual que la mortificó y la dejó confusa.
Era un hombre muy guapo, pero no era por eso por lo que ella se ponía nerviosa en su presencia. Peter poseía un encanto tan devastador que arrasaba lo que encontraba a su paso.
-Hay que reconocer que nos conocimos en circunstancias bastante dolorosas -murmuró Peter-. Pero será mejor que no discutamos y resolvamos este asunto de forma tranquila y civilizada.
-La verdad es que yo no he sido justa contigo -empezó a decirle, sintiéndose un poco tensa-.
Pero es que tu reacción, insultándome y asumiendo cosas que no eran ciertas...
-No te entiendo -la interrumpió él.
-Yo no soy lo que tú piensas. Yo no era la querida de Nicolas... -se puso colorada al decirlo en alto-. En realidad soy su hija.
Peter la miró a los ojos con gesto de incredulidad.
-¿Qué diablos piensas conseguir con una alegación tan grotesca? -Es verdad. Ya sé que es difícil de creer, pero Nicolas era mi padre.
Peter apretó los labios, con disgusto e impaciencia.
-Eso es mentira. Si tuvieras algún parentesco con Nicolas, sus abogados lo sabrían.
Lali se quedó mirándolo. En ningún momento se le había pasado por la cabeza que la verdad pudiera ser recibida con tanto desprecio.
-El problema es que no se lo dijo a nadie...
-¿Y qué prueba tienes de una alegación tan atrevida?
-Mira, fue Nicolas el que me localizó...
-Tus alegaciones en cuanto al parentesco con Nicolas sólo tienen que ver con los ceros que tengo que poner en el cheque -la interrumpió Peter con grosería-. ¡Y ahora, deja ya de contarme historias de hadas!
Lali bajó la cabeza. La tensión se apoderó de su estómago. La verdad era que no tenía ninguna prueba para demostrar su verdadera identidad. En el certificado de nacimiento no aparecía el apellido de Nicolas por ningún sitio. Peter estaba tan convencido de que era una mentirosa, que ni siquiera estaba dispuesto a escucharla. Por primera vez se dio cuenta de que la muerte de Nicolas la había desposeído del único medio que tenía para demostrar que era su padre.
-Bueno, hablemos de negocios -le sugirió Peter.
Sintiéndose humillada, lo único que quería era levantarse y marcharse. Pero sabiendo que él no la iba a dejar en paz, prefirió seguir donde estaba.
-Si estás de acuerdo, haremos todos los preparativos para que la boda se celebre lo antes posible. El despacho de abogados que tengo en Londres se pondrá en contacto contigo. Una vez resuelto este problema, se te compensará económicamente con generosidad -le aseguró Peter, antes de mencionar la cifra, que tenía una buena cantidad de ceros-. Lo único que te pido es discreción y que nos devuelvas el anillo de los Vasques. Lali lo miró a los ojos.
-No.
-Es un legado de la familia. Tienes que devolvérnoslo.
-No -repitió.
-Aunque es muy antiguo, ese anillo no vale mucho. La piedra tiene un defecto.  Lali hizo una mueca de desagrado al sentir que el estómago se le revolvía.

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