Friday, May 8, 2015

capitulo 1

Con el corazón resonando en su pecho como un tambor, Lali entró muy despacio en la iglesia, cuando ya todo el mundo lo había hecho, y se colocó en el último banco, para escuchar, desde una distancia prudencial, la misa en memoria de Nicolas Vasques, hombre que había sido muy famoso en Londres. La iglesia estaba llena a rebosar de personas que habían querido decirle un último adiós.
Con un velo negro y la mirada baja, Lali se agitó, sumida en su propio dolor. Casi toda su vida la había pasado sola. Sólo unos pocos meses de su vida los había compartido con Nicolas. Pero aquel hombre sonriente y cariñoso se había ido, el hombre que le había dado todo el amor que le había faltado en su vida. Con lágrimas en sus ojos cafe, miró el anillo con una esmeralda que llevaba puesto en el dedo, hasta que se le desenfocó la visión. ¿La amaría alguien alguna vez tanto como él?
El murmullo de las voces la hizo volver a la realidad. Levantó su mirada y se dio cuenta de que el oficio había acabado y que la iglesia se había quedado casi vacía otra vez. Sintiéndose un poco desorientada, se levantó y se dirigió hacia la salida. El velo se le enganchó en el banco y perdió el equilibrio.
Habría dado con sus huesos en el suelo, si no hubiera sido por una mano de un hombre que salió de nadie sabía dónde.
-¿Está bien? -le preguntó una voz muy dulce. Ella movió sus párpados, al comprobar que aquella voz la llenaba de dolor-. Será mejor que se siente...
-No... -Lali se estiró y se apartó un poco. Olvidándose de que se le había enganchado el velo, echó la cabeza hacia un lado y se le cayó al suelo, dejando su pelo al descubierto. De forma involuntaria, levantó la mirada y se quedó horrorizada, palideció y a punto estuvo de que se le saltaran las lágrimas. Peter Lanzani la estaba mirando, sintiendo al parecer las mismas emociones que a ella la habían dejado paralizada. Era un hombre guapísimo, más guapo incluso de lo que parecía en las fotografías que le había enseñado Nicolas. Tenía el pelo muy negro y una boca muy sensual. Se sintió a punto de desfallecer cuando encontró su mirada, como si estuviera cayéndose por un precipicio. No podía respirar, ni siquiera hablar. Un sentimiento de pánico se apoderó de ella.
-¿Quién es usted? -le preguntó él, con voz ronca, acercándose y devolviéndole el velo, que había recogido del suelo. Lali se quedó pálida y sintió que las piernas se le iban a doblar en cualquier momento. Peter Lanzani era el hijo que Nicolas y su esposa Emilia, de procedencia griega, habían criado como si fuera propio.
-Su velo...
Estiró la mano hacia el niño que se había convertido en un hombre. No podía ser. Peter le agarró la mano.
-Por favor... -susurró Lali, intentando romper aquel contacto, deseando escapar de allí corriendo, del pánico que sintió.
-¡Christos! -exclamó Peter al reconocer la antigua esmeralda que adornaba su dedo-. ¿De dónde ha sacado ese anillo?
Lali apartó su mano y se marchó escaleras abajo. La brisa invernal agitó su melena rizada y el abrigo negro que llevaba desabrochado, mientras se abría paso a través de la multitud que se agolpaba en la calle, indiferente a los frenazos de los coches al cruzar la carretera.
Lali se paseó una vez más por las silenciosas habitaciones. Sin la presencia de Nicolas, aquella casa parecía deshabitada. Después de haber borrado todo rastro de su presencia entre aquellas paredes, cerraría la puerta y volvería a su propio mundo. De todas formas no habría durado mucho, se dijo a sí misma.
Ella amaba su libertad, aunque había permitido que Nicolas la retuviera a su lado. Él la había persuadido, presionado y suplicado hasta conseguir que ella se trasladara a aquella casa,

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