-Repite eso otra vez -la invitó Peter, dirigiéndole una mirada asesina.
-La joven esposa se cansa y se tiene que ir al bar a ver la vida pasar -continuó Lali, poniendo un gesto de tristeza.
-La gente nos está mirando -con la boca apretada, los ojos echando chispas, Peter se sentó en una silla. Era como un tigre, dispuesto a saltar en cualquier momento sobre su presa. -Ya veo que están mirando. Te felicito, porque estás dando algo de veracidad a esta farsa. Entra en el bar el marido muy enfadado. Trataré de aparentar que estoy asustada -prometió Lali-. Pero te aseguro que no voy a volver a esa habitación.
Peter respiró y soltó el aire en silencio. Lali sonrió.
-Eres muy astuto, Peter, lo reconozco. Si hubieras intentado sacarme de aquí a la fuerza, alguien habría salido en mi defensa.
-No te puedes imaginar cuánto deseo que sea ya mañana -le dijo Peter con los dientes apretados.
-Me lo puedo imaginar. No parece que seamos la pareja ideal.
-Eres muy valiente en los sitios públicos.
-Es que eres más alto que yo.
-Y también Nico.
Lali sonrió.
-Nico es tan manso como un cordero. Nunca pierde los nervios.
-Entonces serás tú la que lleves los pantalones en esa relación -contestó Peter, mirándola con cara de disgusto.
-Supongo que a ti te gustan las mujeres serviles, que te estén siempre adorando. Deberías haber sido árabe. Así tendrías un harén. ¿Sabías que a las concubinas les enseñaban a arrastrarse por el suelo para ir a la cama de su señor? -le informó Lali.
Peter bajó la mirada y apretó la boca.
-Estoy haciendo una oferta para comprar una empresa que desde hace meses quiero comprar- la miró con sus ojos verdes -. No me fío de ti. No te voy a dejar aquí para que ligues con cualquiera en lo que se supone que es nuestra noche de bodas.
-No voy a ligar con nadie.
-He visto cómo te miraban esos hombres de ahí. Como si fueran marineros que acaban de poner pie en tierra. ¡Ninguna mujer decente se atrevería a venir sola a un bar!
-Pablo estaba conmigo.
-¡Y lo has emborrachado!
-Estaba resfriado y le dije que se tomara una copa. Debe de tener muy poca tolerancia al alcohol -contestó Lali.
-Pues eso le va a costar el puesto.
Lali se puso pálida.
-Eso no es justo, Peter. Yo me empeñé en que se la bebiera...
-¿También insististe para que se acostara contigo?
-¿Dónde diablos pretendes llegar?
Sus ojos verdes brillaron y las aletas de su nariz se ensancharon.
-Escuché lo que te estaba diciendo. Uno de mis trabajadores insinuándose a mi esposa... -¿Tu esposa? ¡Yo no soy tu esposa! -le interrumpió Lali con contundencia-. ¡No sería tu esposa ni por un millón de libras!
-Yo creo que por mucho menos que eso, bastante menos -le aseguró Peter, sonriendo de forma cínica-. ¿Por cuánto te vendiste a Nicolas? Te tenía en una casa alquilada. Ni siquiera te compró un piso... -cuando le tiró el vino que quedaba en su vaso, él se quedó mirándola con cara de asombro. Lali se puso en pie y lo miró con odio.
-Tú haces que el hombre de Neanderthal parezca Einstein.
Peter llegó al ascensor antes de que las puertas se cerraran. Lali apretaba una y otra vez el botón. Entró, la agarró de los brazos y las puertas se cerraron.
-¡Suéltame! -exigió Lali.
Peter la miró con sus ojos esmeralda, le puso una mano en la cadera y la obligó a pegarse a él. Lali se puso en tensión mientras el calor y olor de su cuerpo se le subían a la cabeza y la dejaban desorientada. Sintió que las piernas se le doblaban. Su corazón empezó a golpear su pecho.
sube mas
ReplyDeleteme encanta la novel pone mas
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