Monday, May 11, 2015

capitulo 22

-¿Te acuestas siempre vestida? -le preguntó Peter, observando sus vaqueros y camiseta.
Al verlo con aquel albornoz corto que dejaba ver el vello de su pecho, Lali saltó de la cama. -Tranquila, ¿qué crees, que te voy a atacar?
-Dormiré mejor en el sofá.
-Podemos compartir la cama. Son las tres de la mañana y te aseguro que lo único que quiero es dormir -le dijo Peter.
Pero Lali cerró la puerta sin responderle, cruzó la habitación a oscuras, se acurrucó en el sofá y se durmió. Le parecía que acababa de cerrar los ojos cuando unos fuertes golpes en la puerta la despertaron. Metió la cabeza debajo de la almohada y protestó, echándose por encima la manta, que no había estado allí cuando se durmió.
Al ver que insistían, no tuvo más remedio que levantarse.
Pero cuando lo iba a hacer, Peter apareció, en pantalones grises y camiseta blanca, bostezando. Vico entró, con un periódico en la mano y la cara medio descompuesta. Peter abrió el periódico, gritó unas palabras en griego y guardó silencio. Ambos hombres se dieron la vuelta al mismo tiempo y miraron a Lali.
Lali los miró con cara de inocencia. Peter abrió la puerta otra vez y el guardaespaldas se fue.
-Eres una confabuladora asquerosa -la condenó sin previo aviso, cruzando la habitación de dos zancadas y levantándola del sofá con una sola mano.
-¿Qué te pasa? -preguntó Lali, asombrada por la ira que reflejaban sus ojos.
-¡Me las pagarás!
-¿Pero qué he hecho?
-No sé cómo me he fiado de ti. Mis abogados me lo advirtieron. ¿Por qué no los habré escuchado? -se quejó Peter mientras la miraba con tal odio y disgusto que Lali se puso pálida y empezó a temblar.
La soltó y ella se dejó caer de nuevo en el sofá.
-¿Quieres saber de verdad lo que es estar casada conmigo? -Peter le amenazó. Sus ojos echaban chispas-. Cuando termine contigo, desearás haberte quedado en tu choza y me pedirás de rodillas el divorcio.

Con gran dificultad, Lali logró respirar, para calmar sus nervios.
-Todavía no sé de lo que me estás hablando...
-¡No me mientas! -gritó Peter.
Lali miró con curiosidad el periódico que él había dejado encima de la mesa. Peter se lo enseñó. Boda de un magnate en secreto, se leía en el titular de la primera página. Lali tragó saliva y vio su fotografía. Era la fotografía que ella tenía enmarcada, encima de la mesa del vestíbulo de su casa. Se la había sacado cuando se había ido a vivir a allí, porque era la primera casa propia que tenía.
-Nico... -susurró comprendiéndolo todo, porque sólo podía ser él el que había enviado esa fotografía a la prensa.
-¿Nico? -repitió Peter con cara de agitada satisfacción-. Le voy a romper la cabeza. -¡No ha podido ser Nico! -rectificó Lali, horrorizada al ver que Peter apretaba los puños. Se puso a temblar y se humedeció con la lengua sus labios resecos-. No fue Nico, fui yo.
-¿Por qué tratas de protegerlo? Fue tu cómplice. Seguro que le has llamado para decirle dónde nos hospedamos, porque tú no lo sabías hasta que llegamos.
-Sí, le llamé yo por teléfono -murmuró Lali.
Sentía tanta tensión que le empezaron a doler los músculos del cuello.
-¿Te das cuenta de lo que has hecho? -le preguntó, con un tono como si la estuviera golpeando con un látigo, lo cual le puso la carne de gallina-. Emilia se enterará de que nos hemos casado. Tiene amigos en Londres y querrá una explicación por mi extraña conducta.
¿No pensaste en eso?
Lali se asustó y las lágrimas acudieron a sus ojos.
-No, claro. A ti te da igual. Te ciega la avaricia. Nicolas no te dejó nada en su testamento y estás resentida, ¿no? -le condenó Peter-. Seguro que soñabas con ser rica. Pero dos
semanas antes de su muerte, Nicolas pidió un préstamo muy alto, para comprar una casa en ruinas en Mallorca. Hipotecó todo lo que poseía.

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