Lali se hizo a un lado y levantó las manos.
—Eres peor de lo que creía...
— ¿Qué quieres decir con eso?
Lali abrió mucho los ojos porque las lágrimas amenazaban con rebosar. Eran lágrimas de ira y de decepción. Aquel hombre no tenía nada que ver con el hombre que ella se había imaginado que era.
—Jamás me habría acostado contigo si hubiera sabido que trabajaba para ti. ¿Te sueles acostar con tus empleadas?
— ¡Es la primera vez en mi vida que me acuesto con alguien de mi empresa! —le aseguró mirándola con dureza.
—Ojalá pudiera creerte, pero se me hace difícil—dijo Lali cortante—. Sobre todo cuando es obvio que no tienes ni idea de cuáles son las fronteras que un jefe decente debería respetar.
—Aguanto tu enfado, pero no pienso aguantar tu insolencia —murmuré Peter.
Lali se estremeció y apretó los puños.
—No te da vergüenza lo que has hecho, ¿verdad?
— ¿Me estás preguntando si me arrepiento de haber pasado la noche contigo? No. Me lo pasé muy bien. No considero que nuestra relación sea un error. Para mí, el hecho de que seas mi empleada es un detalle virtualmente irrelevante. Tengo muchas empresas y miles de empleados y no pienso pasar mucho tiempo en Venstar, así que ni vas a ganar ni vas a perder en ese sentido.
— ¿Eso crees? —gritó Lali—. Es una suerte que nadie me reconociera ayer en la fiesta, que nadie se diera cuenta de que la castaña que se fue contigo era yo porque, de lo contrario, no sé cómo les iba a volver a mirar a la cara.
Peter le tomó las manos entre las suyas para que no se alejara más. No podía creer que sus compañeros no la hubieran reconocido y debía hacer frente a la situación.
—No tienes nada de lo que avergonzarte. Nada de lo que pasó entre nosotros anoche fue una vergüenza. ¿Por qué dices eso? Nos conocimos y nos gustamos...
—No es tan sencillo...
Peter la miró intensamente.
—Lo es si tú quieres que lo sea, cara.
Lali apartó las manos.
—No quiero que lo sea —contestó—. Me hiciste creer que eras una persona que no eres en realidad. El hombre que yo creí que eras no existe. ¡Yo jamás me hubiera sentido atraída por un playboy machista!
Peter le cortó el paso y la miró con dureza.
—No gustaría que me explicaras por qué dices eso.
Lali tragó saliva, pero lo miró a los ojos con desafío.
—Por tu culpa no me ascendieron y todavía no habías puesto un pie en este edificio. Escuché cómo uno de mis jefes, al que conociste en Nápoles, le decía a un
directivo lo poco que te había gustado en la fotografía de la empresa y que preferías a mujeres sensuales y bien vestidas en los puestos ejecutivos...
—Eso es completamente falso —le aseguró Peter.
¿Lali Esposito? Aquel nombre le era levemente familiar. Recordó la fotografía que le habían entregado y rebuscó entre los documentos que tenía sobre su mesa.
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