Tuesday, May 12, 2015

capitulo 28

-Y por lo que se refiere a ti -continuó Lali, cruzándose de brazos, disfrutando con su actuación, fijando su atención en su falso marido-. Te sugiero que eches de esta casa a tu querida ahora mismo. Yo nunca amenazo con algo que no puedo cumplir.
Peter se quedó pálido al oír aquellas palabras. Sus ojos esmeralda brillaron, antes de que se le velaran y apretase la boca para contener su respuesta. Guardó silencio.
La mujer pasó al Iado de Lali de forma provocativa. Era por lo menos quince centímetros más alta que ella. En un momento determinado, se detuvo, miró para atrás y, sonriendo de forma maliciosa a Peter, le dijo:
-Puede sonarte un poco raro, dadas las circunstancias, pero tu mujercita me ha alegrado el día. No sé por qué tengo la sensación de que te va a cambiar la vida. Te va a hacer sufrir y te lo mereces.
Lali observó su marcha, impresionada por la forma tan digna y fría con que lo hizo. Cuando la puerta se cerró, suspiró.
-Me alegro de que no le hayas roto el corazón. ¿Qué tal he estado?
-¿Que cómo has estado? -repitió furioso Peter.
-¿He estado convincente en mi nuevo papel de esposa? Es decir, ninguna mujer permitiría una escena como ésa en su casa. Y tú me has dicho que tengo que actuar como si fuera tu mujer.  Peter se dio la vuelta y apoyó sus manos en el respaldo del sofá. Lali tenía la sensación de que todavía no se podía creer lo que acababa de ocurrir. Maldijo por lo bajo algunas palabras en griego. Y a continuación, dirigiéndose a ella, le dijo:
-¿Por casualidad te queda algo de sensatez en tu cuerpo?
Lali movió en sentido negativo la cabeza.
-Por lo que a ti respecta, no. Estaba un poco preocupada por si me había confundido y esa mujer fuera muy importante para ti. Pero veo que no. Así que tampoco pasa nada.
-Lo hiciste a propósito. Yo no te he dejado que llames a ese cavernícola llamado Nico, y para vengarte, has empezado a entrometerte en mi vida privada.
-Los hombres recién casados no tienen vidas privadas.
-¿Tú crees? -ronroneó Peter como un gato salvaje, mientras daba vueltas a su alrededor, cerrando cada vez más el círculo-. ¿No formas parte tú de mi vida privada? ¿No me has obligado a que te reconozca como mi esposa?
-Peter...
-¿Qué?
Lali retrocedió unos pasos, sintiendo que el corazón se le iba a salir de su sitio.
-Creo que lo mejor es que me vaya a la cama.
-Y yo también -Peter la apretó entre sus brazos y la levantó del suelo.
-¿Qué diablos estás haciendo? -gritó Lali.
-Lo que tenía que haber hecho anoche -le contestó, subiendo las escaleras con mucha decisión.
-¡Bájame! ¿Te has vuelto loco?
-¡Es lo que estás pidiendo! -le contestó-. Te dejé en esa habitación para no caer en la tentación. He intentado guardar las distancias...
-Pues no parece que lo intentes de verdad -contestó Lali-. Si no me sueltas ahora mismo, te juro que te pegaré.
-Tienes la boca muy grande -gruñó Peter, en un tono tan grave que la hizo estremecerse-. ¿Por qué no me besas, en vez de hablar tanto?
-¡Porque no quiero besarte!
-¿No?
-¡Por nada del mundo lo haría!
Justo en ese momento, Peter la besó en los labios y la cabeza le empezó a dar tantas vueltas que se tuvo que agarrar a él para no caerse. Todo su cuerpo se encendió. El cuerpo de él también ardía. Le puso la mano en la cara y echó la cabeza para atrás, mientras él le acariciaba el pelo y la besaba con tal intensidad que llegó a pensar se iba a quedar sin oxígeno. Pero no le importó, porque nunca antes había sentido tanto placer.
Completamente a oscuras, la dejó sobre la cama. Ella se quedó tumbada, jadeante, como un nadador a punto de ahogarse. La luz se encendió y Rosie parpadeó aturdida. Peter se acercó a la cama y se tumbó a su lado, al tiempo que se quitaba su corbata de seda y la chaqueta. Encontró su mirada esmeralda y todo su cuerpo empezó a derretirse.

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