dispuesta a convertirse en lo que él quería que fuera, con tal de complacerle, pero sabiendo también que tarde o temprano se rebelaría.
-Soy un espíritu independiente -le había comentado ella en una ocasión.
-Tu independencia te ha sido impuesta y ha sido demasiada responsabilidad para una chica tan joven -había contraatacado Nicolas, haciendo un gesto de desaprobación-. Ya no es necesario que cargues más con esa responsabilidad, porque me tienes a mí.
Y ella se había reído y discutido, pero no mucho, sabiendo que él no podía entender la vida que ella había llevado, al igual que ella tampoco podía entender el mundo en el que vivía él. Por lo cual tuvieron que tratar de entenderse y hacerse concesiones uno al otro.
Había tenido mucha suerte, pensó con cierta amargura. Cuatro meses de plena felicidad era mucho más de lo que la gente conseguía en toda una vida. Cuatro meses de amor incondicional, desprendido. Los buenos recuerdos borraban los malos. Nadie podría quitárselos. Como tampoco podían quitarle el anillo que había pertenecido a la familia Vasques durante dos siglos, una reliquia que Nicolas le había puesto en el dedo con lágrimas en los ojos.
-A partir de ahora volverá a cobrar vida de nuevo, porque ahora está donde realmente pertenece.
Lali recordó los ojos de incredulidad cuando Peter reconoció aquel anillo. Bien podría haberle dicho que sólo había aceptado aquel regalo de Nicolas. Si hubiera sido más avariciosa, podría haberle sacado todo lo que hubiera querido, porque Nicolas estaba dispuesto a ponerle el mundo a sus pies.
Simplemente, no se imaginaba vivir con tanto dinero. Pero, como cualquier otra persona, era capaz de sentir envidia y compasión por sí misma.
Cuando tenía nueve años, Peter Lanzani había perdido a sus padres, en un accidente de automóvil. Nicolas y Emilia lo acogieron en su casa y lo habían criado como un hijo propio. A Nicolas nunca se le pasó por la cabeza que a ella le pudieran molestar sus continuas referencias a las virtudes y talento de su hijo adoptivo.
De pronto, se dio cuenta del silencio que la rodeaba. Sintió un escalofrío al oír el eco de sus propios pasos. Debería haberse marchado el día que Nicolas había fallecido, pero se había quedado tan impresionada que no había sabido cómo reaccionar. Tan sólo seis semanas antes, le habían ingresado por un leve ataque al corazón. Ella había sido la primera en quedarse a su lado, separándose a regañadientes cuando supo que Emilia y Peter se dirigían al hospital desde el aeropuerto.
-¡Quédate! ¡Que se vayan todos al infierno! -había exclamado Nicolas al enterarse.
-Sabes que eso no es posible. No puedes hacerle eso a tu mujer -le había susurrado Lali, cuando en realidad lo que tenía que haber hecho era quedarse y enfrentarse a todos.
-Nunca la llamas por su nombre -le había dicho Nicolas, suspirando con dificultad.
Y ella se había sonrojado, evitando su mirada, sintiéndose culpable y dolida. Emilia había sido la esposa de Nicolas durante más de treinta años. Una esposa leal, a la que él había traicionado con crueldad. Pero el hecho de que Emilia no supiera que la había traicionado no servía para que Lali aceptara de buen grado aquella situación.
Lali había estado entrando y saliendo a escondidas del hospital durante toda una semana, su natural optimismo había desvanecido los miedos que sentía por la salud de Nicolas. Además, sólo tenía cincuenta y cinco años. Pero el problema era que trabajaba mucho. ¡Cuánto habían hablado de las cosas que iban a hacer en el futuro! A ninguno de los dos se le había ocurrido que el futuro iba a acabar en cuestión de semanas.
Hicieron un crucero por las islas griegas, pero el mismo día que habían vuelto a Londres, Nicolas había sufrido otro infarto.
-¡Ha muerto en cuestión de minutos! -le había dicho la secretaria llorando, cuando llamó por teléfono a su oficina-. ¿Con quién hablo? -le había preguntado, ya que Lali no llamaba nunca. Pero cuando Nicolas no había ido a comer, empezó a preocuparse.
Lali recordó que había colgado el teléfono. Naturalmente no podía ir al funeral en Grecia. Con un gran dolor de corazón, por sentirse excluida, había ido a la misa que se celebró después. Allí fue donde se encontró con Peter Lanzani. Aquel encuentro fue desconcertante. Debería haber hecho las maletas y haberse marchado mucho antes. Pero había querido estar unos momentos a solas en la casa en que había perdido al padre que había conocido durante tan corto espacio de tiempo.
-¿Lali...?
El corazón le dio un vuelco. Se volvió.
a que bueno que era el padre me gusta mucho el trama mas
ReplyDeletemas
ReplyDeletesube mas
ReplyDeletePoniendome al día con está novela, conforme iba leyendo pense que lali era la amante pero lo quería como a un padre
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