Tuesday, May 5, 2015

capitulo 40

Peter leyó el mensaje mientras cruzaba la ciudad en su limusina y se preguntó por qué habría cambiado Lali de parecer.
¿Querría decir eso que se había equivocado al sospechar que estaba enamorada del marido de su amiga? Por lo visto, así era. Sonrió encantado y se preguntó por qué estaba tan feliz.
La recordó tal y como la había visto aquella mañana en la sala de conferencias, con el pelo brillante y los ojos vivos, y no pudo evitar excitarse.
«Maravilloso. Nos vemos a las seis», le respondió.
Lali recibió una llamada de la secretaria personal de Peter para comunicarle a qué hora pasaría a recogerla.
La tarde se le había pasado volando y, para cuando salió del edificio después de haber estado mucho más tiempo de lo normal peinándose, estaba muy nerviosa.
El conductor de una limusina plateada que la estaba esperando se bajó del coche y le abrió la puerta. Intentando hacer como que se subía a una limusina todos los días, Lali accedió al vehículo con naturalidad.
Peter la estaba esperando en el interior y, al verlo, tan guapo, a Lali se le aceleró el corazón.
—Así que por fin eres mía —comentó con voz sensual.
Se acercó a ella para besarla y Lali se dio cuenta de que era lo que más deseaba en el mundo. Mientras lo hacía, le acarició el pelo y Lali se estremeció y se apretó contra él de manera instintiva.
—Tenemos que hablar —anunció Peter.
— ¿De qué?
En ese momento, la limusina se paró y el diálogo quedó pospuesto hasta que estuvieron sentados en una mesa apartada de un precioso restaurante.
—Has sufrido una injusticia en Venstar. Si ha sido, indirectamente, culpa mía, te pido perdón. Por desgracia, la empresa ha elegido a una candidata y no le podemos quitar el puesto sin buenas razones y eso lleva tiempo —murmuró con sequedad—. A mí me parece mejor encontrarte un puesto mejor en otra empresa.
—No necesito tu ayuda —contestó Lali muy seca.
—No te estoy ofreciendo mi ayuda—contestó Peter impaciente—. Estoy intentando solucionar un error. Hay una sutil diferencia.
Lali tuvo la impresión de que estaba haciendo aquello única y exclusivamente porque se había acostado con ella y aquello la mortificó.
—Lo que está hecho, está hecho, me puedo cuidar yo solita.
—Me gustaría que ocuparas el puesto que tus conocimientos merecen.
— ¿No me crees capaz de conseguirlo por mis propios medios? —le espetó Lali enfurecida—. No eres responsable de mí...
—Tal vez me sienta responsable de ti —contestó Peter—, pero por supuesto respetaré tus deseos.
— ¿De verdad? —preguntó Lali divertida—. ¿A pesar de que mis deseos te parezcan inapropiados y de que odias que la gente no esté de acuerdo contigo? ¿Qué
voy a tener que hacer para tenerte contento?
—Acostarte conmigo, cariño —contestó Peter mirándola a los ojos—. Llevo treinta y seis horas pensando única y exclusivamente en ti.
Lali sintió que se quedaba sin aliento.
— ¿Tienes hambre? —le preguntó Peter.
—No mucha, pero... —contestó interrumpiéndose pues él ya se había puesto en
pie.
Tres minutos después, estaban de vuelta en la limusina. Era obvio que Peter no iba a dejar que las expectativas convencionales se interpusieran entre ellos.
Lali estaba deseosa de ver dónde les llevaba aquello.

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