—Se parece mucho a un traje de Versace que vi el otro día en un escaparate. ¿Es un Versace?
Lali se encogió de hombros sin interés, pues nunca había estado muy puesta en temas de moda.
—No lo sé. No he mirado la etiqueta —contestó sinceramente.
Peter se lo había regalado porque lo había visto e inmediatamente había pensado que era exactamente igual al color de sus ojos y eso era lo único que importaba.
Por lo visto, había hecho parar al chofer en mitad del tráfico y se había bajado de la limusina para comprarlo, así que lo más probable era que efectivamente hubiera estado en un escaparate.
A Lali le parecía muy romántico que Peter hubiera parado el tráfico para comprarle un traje y, en cualquier caso, si hubiera tenido estampado de piel de cebra se lo hubiera puesto encantada por el mero hecho de ser un regalo suyo.
Rocio y las demás compañeras del departamento la miraron con la boca abierta.
—Y esos zapatos que llevas son unos Jimmy Choo —comentó una de ellas.
—Ayer cuando salí a comer se me rompió el tacón de los que llevaba —contestó.
— ¡Debe ser que los regalan por la calle! —se burló Mercedes ácidamente.
Todos los intentos de aquella mujer por enfadar y humillar a Lali caían en saco roto, pues ella estaba en otro mundo, en un mundo donde Mercedes no tenía cabida. Lo cierto era que ni siquiera la oía. No se habría dado cuenta de su presencia ni aunque se hubiera subido en su tripa y hubiera comenzado a saltar.
Mercedes se quejaba de las horas que Lali se tomaba para comer. Cuando volvía, Lali murmuraba algo ambiguo y se ponía a trabajar como si estuviera en otro plano mental.
Cuando sonó su teléfono móvil, vio el número de Stefano, el hermano de Peter. Habían hablado seis o siete veces. Al principio, solo sobre matemáticas, pero la última vez el chico le había pedido consejo para comprar un regalo para una sobrina de seis años.
Diez minutos después, Rocio contestó el teléfono de Mercedes y fue a buscarla. Al no encontrarla ni a ella ni a Benjamin, Lali recibió una llamada de uno de los directivos que le pedía que acudiera a la sala de reuniones de la última planta para recibir a un cliente que estaba punto de llegar.
Cuando fue a entrar en el ascensor se encontró con Peter, que salía. Aunque solo hacía unas horas que se habían visto, no pudo evitar que su presencia la afectara sobremanera.
— ¿Queda mucho para la hora de comer? —murmuró Lali, que se había dejado el reloj en su dormitorio.
Peter le retiró un mechón de pelo de la cara— con una gran sonrisa.
mas novela
ReplyDelete