Peter le acarició el pelo y la obligó a mirarlo a los ojos.
— ¿Se puede saber cómo sabe eso una mujer que jamás se había acostado antes con un hombre? —le preguntó con ternura.
—Simplemente lo sabe —contestó Lali bajando la mirada para ocultar su dolor.
Peter se colocó encima de ella en un abrir y cerrar de ojos.
—Así que sólo me tienes para darte placer, ¿eh?
Lali se sonrojó de pies a cabeza.
—Bueno... eh...
Peter sonrió con malicia.
—Y pensar que me he esforzado mandando flores y tarjetas cursis.
—Me gustaron mucho, de verdad.
—No finjas, cara —sonrió Peter besándola con pasión.
Lali se rindió a sus besos, incapaz de pensar.
—Peter...
— ¿Me deseas?
Por supuesto que lo deseaba y el deseo era más fuerte que el orgullo y que el sentido común, así que Lali se dejó llevar.
Cinco maravillosos días después, Lali se despertó y vio que Peter ya se había levantado, como de costumbre antes que ella.
Se puso la bata y bajó las escaleras en su busca, pero Peter no estaba. Le había dejado una nota diciéndole que había ido a comprar cruasanes de chocolate para ella.
Aquello hizo sonreír a Lali de oreja a oreja. Aquel hombre la mimaba constantemente y a ella le encantaba. Lo cierto era que estaba descubriendo que no todos los hombres eran tan egoístas como su padre.
Lali se duchó mientras se preguntaba por qué los días felices pasaban tan
rápido y los infelices, tan lentos.
Mientras se estaba cepillando el pelo, le pareció oír el coche de Peter, pero cuando se acercó a la ventana al único que vio fue a Guillaume con su tractor en el campo.
En ese momento, sonó el teléfono y corrió a contestar.
—Soy Eugue —la saludó su amiga muy alegre—. Te he estado llamando al móvil,
pero...
—No tiene batería —se disculpó Lali—. Se me olvidó cargarlo.
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