—Eso suponiendo que yo quiera que te responsabilices —dijo Lali furiosa por que Peter creyera que ella necesitaba su ayuda.
—Cualquier decisión que tomes antes la tendrás que hablar conmigo —sentenció Peter.
—Muy bien —se rió Lali—. ¿Se te da bien cambiar pañales?
Peter la miró confuso.
Lali dejó escapar un exagerado suspiro de decepción.
—Evidentemente, no tienes ninguna experiencia en ese aspecto. ¿Qué me dices de las tomas y los llantos en mitad de la noche?
Peter enarcó una ceja.
—Contrataremos a una niñera.
— ¿De verdad?
—Por supuesto.
Lo cierto era que Peter no estaba en un terreno conocido y eso se notaba en la intensidad con la que miraba a Lali, como si quisiera leerle el pensamiento para dar las respuestas que ella considerara adecuadas.
Tenía media docena de sobrinos, pero no había tenido tiempo de estar con ellos cuando eran bebés.
—Veo que, aunque estás convencido de que tienes derecho a que te consulte cualquier decisión, no estás dispuesto a ejercer de padre...
— ¿A que viene esta conversación? ¿Estás diciendo que estás dispuesta a tener el niño si yo me involucro?
—Si te hubieras tomado la molestia de preguntármelo, te habría dicho desde el principio que yo ya he tomado hace tiempo la decisión de tenerlo—contestó Lali—. No te necesito ni a ti ni a tu dinero para tener a mi hijo y, si lo único que me puedes ofrecer es una niñera, me parece que será mejor que nos separemos ahora mismo.
—No es lo único que estoy dispuesto a ofrecer—contestó Peter—. Me casaré contigo, por su puesto.
Lali hizo una mueca de dolor ante aquella propuesta y sintió un inmenso vacío, pues le parecía increíble que Peter la considerara capaz de aceptarla en aquellas condiciones.
El matrimonio era para personas que no podían vivir separadas y que quisieran un compromiso de por vida. Era cierto que había personas que se casaban por motivos mucho más prosaicos, pero ella no era así.
Peter no la amaba y no se podía casar con él.
No había nada más que hablar. Daba igual que ella lo amara con todo el alma, eso no importaba. Nadie mejor que ella sabía lo desastroso que resultaría semejante matrimonio.
—Me necesitas tanto dentro como fuera de la cama, cara mia —afirmó Peter muy seguro de sí mismo. — Yo te deseo y también deseo hacerme cargo de nuestro hijo.
Lali sintió unas terribles ganas de llorar, pero se controló. Sin embargo, optó
por no mirarlo mientras pasaba a su lado en dirección a las escaleras —Voy a llamar a un taxi —anunció.
—No te puedes ir...
— ¡Ya lo verás! —lo desafió Lali.
—Te he pedido que te casaras conmigo —protestó Peter.
— ¿Ah, sí? ¿Y cómo es que yo no me he dado cuenta? Es cierto que te he oído decir con gran condescendencia que te ibas a casar conmigo porque te necesitaba, sí, es cierto. Pues deja que te diga una cosa. ¡No te necesito ni a ti ni a nadie porque me tengo a mí misma! —exclamó Lali volviéndose con la intención de subir las escaleras de nuevo.
mas novela =)
ReplyDelete