¿Cómo se le había pasado por la cabeza huir de Peter por segunda vez? Se avergonzó de sí misma a pesar de que estaba nerviosa por su decisión de volver y exponerse al dolor que siempre había temido y contra el que siempre se había protegido.
Sin embargo, Peter tenía razón. Era cobarde y no había querido darle una oportunidad. Desde el principio, había planeado el fin de su relación. Siempre había subestimado lo que tenía con él.
¿Por qué había tardado tanto tiempo en darse cuenta de que Peter no tenía absolutamente nada que ver con su padre? Había sido injusta al juzgarlo como a un marido infiel.
Debía ser más sincera con él y lo último que se merecía era que lo abandonara.
Veinte minutos después, Peter volvió a casa. En el trayecto, después de una reunión breve que él mismo se había ocupado de terminar rápido, vio el Citroen de Berthe en una zanja. Nervioso, se bajó de su Mercedes y comprobó que no había nadie en el vehículo.
Sin embargo, fue a casa a toda velocidad.
Lali lo estaba esperando en el salón.
— ¡Menos mal que estás aquí! ¿Te ha pasado algo? —exclamó aliviado—. Cuando vi el coche de Berthe, pensé que tal vez te habías herido de gravedad y te habían llevado a un hospital, pero no sabía a cuál...
—Un camión estuvo a punto de llevarnos por delante —le explicó Lali sintiendo que el corazón le latía aceleradamente—. Como diría mi madre, nuestro ángel de la suerte impidió que nos pasara nada porque Berthe también está perfectamente.
Peter maldijo en italiano, se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
— ¡Si supieras lo mal que lo he pasado!
—Yo también me he llevado un susto de muerte—admitió Lali abrazándolo también—. Berthe conduce fatal.
—No quiero que vuelvas a subirte en el coche con ella, amore mio —dijo Peter.
—Se ha llevado un buen susto, así que no creo que vuelva a conducir y, si lo hace, será mucho más cautelosa.
Peter le acarició el pelo y la miró a los ojos.
—Si hubieras muerto, yo también habría deseado morir —confesó emocionado—. Cuando no estás conmigo, me siento incompleto. Si te hubiera perdido, no hubiera podido seguir viviendo.
Lali lo miró con la boca abierta ante la profundidad de aquella declaración de amor. La quería. La quería de verdad.
—Supongo que te habrás dado cuenta de que estaba huyendo de ti de nuevo...
—Sí, pero me lo he buscado. No he sido sincero contigo. Tú necesitabas que te dijera lo que sentía por ti y yo no lo he hecho dejándome llevar por el orgullo.
Lali sintió que se le saltaban las lágrimas.
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