-¿Qué le pasa a Peter? -preguntó Rocio en cierto momento.
-Nada -le respondió Lali.
-Gil dice que parece furioso por algo. Yo no lo noto enojado, sino que lo veo que sonríe.
¿Por qué iba a estar furioso? Ella no había invitado a Benjamin. Pero Peter creía que ella todavía amaba a Benjamin... pensó de pronto Lali, y entre el caos de sus pensamientos penetró la idea de que ella nunca había dicho lo contrario. Dirigió una mirada rápida hacia la habitación en la que Peter charlaba con algunos amigos. ¿Cuánto habría oído de su conversación?
El último de sus invitados se marchó cuando ya había anochecido. Después de despedirlo, Lali se encaminó a toda prisa hacia la escalinata, pero una mano se posó con fuerza sobre uno de sus hombros y la hizo volverse.
-¿A dónde vas? Si es a tu dormitorio, te acompañaré. Pero antes... -sus manos se deslizaron a lo largo de la espalda de ella hasta llegar a la parte más prominente de su trasero para atraerla hacia él y que quedara en completo contacto con su cuerpo-, esto.
Tomada por sorpresa, las necesidades y deseos de su cuerpo afloraron sin control. El efecto que le causó él después de tanto tiempo fue explosivo.
-Si aguardara una invitación, tendría que esperar para siempre -dijo Peter con aspereza-. ¿A qué ha venido él?
-Fue una visita social -aseguró ella, mientras con desesperación trataba de liberarse.
-¡Al demonio con su visita social! ¿Crees que no pude oír que te disculpabas por la trampa en la que te encuentras a causa de los mellizos? -exclamó Peter furioso-. Pero eso sí, Lali, te lo advierto, si te llegas a ir de aquí, lo harás sin los niños; pero si te quedas, será en mi lecho. Ya no soportaré más otro tipo de situación. Es hora de que recuerdes que eres mi esposa y que las esposas tienen ciertas obligaciones...
-No -declaró Lali de manera escueta e inequívoca. Peter no iba a usar de nuevo el sexo para subyugarla. La visita de Benjamin había herido su orgullo y por eso reaccionaba de ese modo. Lo irónico del caso era que si la hubiese invitado a su lecho el día anterior, ella se habría arrojado ansiosa a sus brazos, convencida por fin de su matrimonio tenía futuro. Pero no así, no cuando él estaba enojado y su deseo estaba motivado sólo por la terrible sospecha de que su hogareña esposa prefería a otro hombre.
-Qué desesperado debes estar para haberte acercado a mí -le espetó a él con inevitable amargura. Ella hablaba como una esposa insegura y celosa.
-Lali...
-Prefiero dejar las cosas como están -lo interrumpió Lali con voz temblorosa-. Es más saludable.
-Discúlpeme, señora... Señor Lanzani, necesito... -expresó la desaprobadora voz de la niñera, momento que aprovechó la ruborizada Lali para huir hacía su
habitación, donde se encerró con llave.
muero por mas
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