Peter la recorrió con la mirada de arriba abajo. Con sus pantalones de montar y su jersey, el pelo recogido en una cola de caballo y sus intensos ojos negros ensombrecidos por el agotamiento, no podría aspirar a ganar un premio de belleza ni de vanidad. Sin embargo, el atractivo natural de su delicada estructura ósea y de su exquisita piel de porcelana se acrecentaba por aquella imagen de fragilidad. Peter no quiso pensar en las posibles actividades que la habían privado de sueño hasta ese extremo. Sin decir palabra, se subió a su todoterreno.
Lali bloqueó el camino con la camioneta. Seis caballos sueltos. Mirado por donde se mirase, era un desastre. ¿Cómo se había abierto la verja? ¿Habría sido un excursionista? Pero los caminantes solían tener cuidado con el ganado y las puertas, y muy pocos se atrevían a entrar en un prado lleno de caballos. La responsabilidad si alguno de los animales resultaba herido recaería sobre las cuadras. Lali se había ocupado de asegurar convenientemente el negocio en caso de accidente, pero ¿qué pasaría si se corría la voz?
Gas llamó para decirle que Stefano y él llevaban a dos de los caballos que habían recogido en el camino.
—Gracias a Dios... No sé cómo ha podido ocurrir...
—Es muy extraño —corroboró Gas sin dudarlo—. Este par de caballos son tan dóciles que han venido a nuestro encuentro. Deben de haber tenido miedo de alejarse demasiado.
Lali recogió al castrado gris del huerto y a la vieja yegua que se había quedado pastando tranquilamente junto a la puerta y los metió en el prado. Ninguno había resultado herido, y tampoco se apreciaba ningún desperfecto en el pesado cerrojo de la verja. De ahora en adelante, y como medida adicional de precaución, ataría la verja una vez cerrada.
Gas y Stefano llegaron. Su hermanastro conducía el coche muy despacio, y Gas iba a pie con los caballos.
—Pareces agotada, hermanita —comentó Stefano—. Pero no hay que lamentar ningún daño.
—Si conseguimos recuperar a los dos caballos que quedan antes de que resulten heridos, estaré de acuerdo contigo —dijo ella con un suspiro—. Peter está muy furioso.
Gas puso una mueca de disgusto.
—Los caballos deben de haberse alejado a galope por el camino cuando se escaparon dijo Gas con una mueca de disgusto—. Odio dar malas noticias, pero han llegado hasta Lanzani Court y han destrozado el césped.
Lali soltó un gemido.
—¿Quién es Peter? —preguntó su hermano.
Gas miró a Lali, quien se puso colorada bajo el intenso escrutinio del joven. Se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros como quitándole importancia a la identidad de Peter.
—Un vecino...
—¿Joven? —insistió Stefano.
—Bastante —respondió ella.
Maaass
ReplyDeleteotroooooooooooo
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