El rostro de Peter había palidecido y tenía una expresión desolada.
—Nunca he visto a Daniela leyendo o escribiendo. No sabía que tuviera un problema semejante.
—Estoy segura de que con la ayuda adecuada podría ponerse al día, pero tendrás que tener mucho cuidado al hablar de esto con ella —le advirtió Lali—. Se avergüenza de sí misma por sus problemas. Cree que es estúpida...
—Ella no es estúpida —declaró Peter, triturando la nota con sus largos dedos—.
Seguramente sea disléxica. Como yo.
Fue el turno de Lali de quedarse atónita, sin saber qué decir.
—Oh... —fue lo único que pudo murmurar, poniendo una mueca de disgusto por su propia falta de fluidez verbal.
—Qué ciego he estado —dijo Peter en voz baja y arrepentida—. Te agradezco mucho que me hayas hecho darme cuenta.
Lali volvió a entrar en casa. Bueno... había conseguido la aventura que pensaba que quería y se había quemado los dedos a conciencia. Pero si al menos había conseguido algo positivo para Daniela, la experiencia habría merecido la pena.
—¿Se ha ido Peter?
Lali dio un respingo. A unos metros de ella estaba Daniela, de pie en la puerta de la cocina. Por una vez, la chica parecía tener quince años y ofrecía una imagen conmovedoramente frágil, con los ojos y la nariz hinchados por las lágrimas.
—Me has dado un susto de muerte... —susurró Lali—. ¿Dónde estabas cuando entré hace unos minutos?
—Intentando dormir en la habitación de invitados —murmuró la joven—. Sé dónde deja Gas la llave de repuesto...
—Bueno, me alegro de que estés aquí y de que estés bien. ¿Llamas tú a tu hermano o lo llamo yo?
—¡No! —exclamó Daniela, sollozando—. ¡Por favor, no lo hagas!
Lali la rodeó con un brazo reconfortante, le tendió un paquete de pañuelos y dejó que el torrente de lágrimas siguiera su curso natural.
—¿Por qué has venido aquí?
—Pensé que estarías en casa y que podríamos hablar, pero no estabas —murmuró Daniela con voz temblorosa.
—Peter está muy preocupado por ti.
—No, no lo está. Él nunca se preocupa por mí.
—Claro que sí...
—No. ¿Sabes cómo se enteró de mi existencia? Mi madre estaba muy mal, así que el padre Mariano fue en busca de Peter y le dijo que yo era la hija de su padre. A Peter no le quedó más remedio que aceptarme como un acto de caridad. Para él no soy más que una molestia y un motivo de vergüenza.
—Mi padrastro me crió él solo. Tampoco tuvo otro remedio, pero aunque no fuéramos de la misma sangre, siempre me ha querido como a una hija —dijo Lali tranquilamente—. Tú y Peter sois de la misma sangre, y eso él lo valora. Claro que le importas.
Daniela levantó la cabeza y la observó atentamente entre sus párpados hinchados.
—¿Te lo ha dicho él?
Maaasss
ReplyDeleteme gusta que daniela, alla buscado refugio en la casa de lali, y se forme una amistad entre ellas dos
ReplyDeleteel siguiente
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