-Lanzani ha venido a negociar con el enemigo, porque no tenía otra opción. Lo más rápido y lo más fácil es que cumpláis la voluntad de tu padre.
-No puedo creerme lo que estoy oyendo...
-Lanzani te está ofreciendo recompensarte por las molestias. Me pregunto cuánto está dispuesto a poner encima de la mesa -comentó Nico sonriendo, sin importarle la mirada de reprobación que Lali le estaba dirigiendo-. Tu problema, Lali, es que eres una idealista.
Lanzani no lo es, y yo tampoco.
-¿Por qué no tratas tú con él, cuando venga mañana? -le espetó Lali, poniéndose de pie. -Si quieres, me quedo y me encargo de las negociaciones. Si tiene el mismo temperamento que tú, será mejor que vigile, para que no haya derramamiento de sangre. ¿Qué haríamos con su cuerpo? Un hombre muerto no puede extender ningún cheque.
-Yo no estaré aquí mañana -le informó Lali.
-Mira, esto es un negocio, nada más. Y antes de decidir lo que vas a hacer -murmuró Nico, mirándola a los ojos-, piensa en los empleados de tu padre y lo que puede pasar con ellos si el negocio se viene abajo. No puedes castigar a Lanzani, sin causar daño a otra gente.
-¡Yo no quiero castigar a nadie, sólo quiero que me deje en paz! -gritó Lali, saliendo de la habitación.
Envuelta en una vieja chaqueta, Lali movía los pies para mantenerse en calor mientras observaba el vaho que salía de su boca. En mañanas tan frías, el mercado siempre estaba muy tranquilo. Nico se acercó y le puso una vaso de plástico con café en la mano. Lali lo miró sorprendida.
-¿Qué estás haciendo aquí?
Nico se encogió de hombros, evitando su mirada.
-¿Qué tal va el negocio?
Nico levantó un conejo de cerámica y frunció el ceño.
-¿Es de tu colección?
-Ya conseguiré otro.
-Nadie va a pagar eso por este conejo -le dijo Nico, mirando la etiqueta.
-Ya ha preguntado alguna gente...
-Pero nadie que lo quisiera comprar. Lo estás poniendo tan caro, porque en realidad no quieres desprenderte de él.
Frunciendo el ceño ante consejos tan descorazonadores, Lali dio un sorbo de café.
-¿Se ha presentado esta mañana?
-Sí -Nico colocó las figuras del puesto, sin levantar la cabeza-. Le dije dónde podría encontrarte.
-¿Cómo has podido decirle que estoy aquí? -le preguntó Lali, levantando la mirada al cielo.
-Yo cuidaré del puesto. Aquí viene...
Cuando Lali encontró la mirada de Peter Lanzani, su corazón le dio un vuelco. Su mano le tembló y derramó el café por todas partes.
Peter se puso al otro lado del puesto, sus bellas facciones tensas por la impaciencia mientras miraba de forma despreciativa a su alrededor.
-¿Todavía te gusta jugar a las casitas?
Nico se aclaró la garganta, se acercó a él y le puso el conejo en las manos.
-¿Quieres comprar una pieza única de cerámica de Sylvac?
-Esto es una baratija -dijo Peter, dejándola otra vez en su sitio.
-No creo que seas capaz de distinguir uno bueno de uno malo -contestó Lali, moviéndose hacia la otra parte del puesto, para ver si no se lo había descascarillado, al dejarlo en la mesa.
Peter no le prestó atención y miró a Nico con desprecio.
-Ya entiendo. Tú lo que quieres es dinero por el tiempo que paso con la chica.
-Si eso es lo que crees, tío...
-¿Pero qué está pasando aquí? -Lali preguntó, poniendo un gesto de incredulidad, cuando Peter sacó la cartera y le metió un fajo de billetes en el bolsillo-. ¡Yo no quiero su dinero! -Cuando alguien piensa que tiene que pagar por todo en esta vida, lo mejor es satisfacer sus deseos -contestó Nico-. Llévatelo al bar, Lali.
a bueno que clase de amigo es nico me parese ami que le importa mas el dinero que su amistad con lali.
ReplyDeletemassssssssssssssssssssssssss
ReplyDeletesube mas
ReplyDeletemaaas
ReplyDeleteMasss. Igual leyendo todas tus noves. Siempre lali sufre y p3ter es un patán machista y muy malo
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