-Pero Nicolas tenía todas esas fotos que tu madre le envió, además de otras cosas.
-Si las tenía, nunca me las enseñó, y quién sabe lo que haría con esas fotos -contestó Lali, encogiéndose de hombros-. Pero ahora eso ya no importa.
Esa misma noche, ya muy tarde, se oyó el ruido de la puerta de la calle. Medio dormida en el sofá, después de un día agotador,Lali se incorporó un poco asustada. Nico apareció en el vestíbulo, muy alterado, con una revista bajo el brazo.
-Cande tenía esta revista. Además, me ha contado un montón de cosas sobre Peter Lanzani.
-¿De qué estás hablando? -murmuró Lali, medio dormida.
-Mi hermana tiene un montón de revistas donde salen los ricos y los famosos. Nada más mencionarle su nombre, empezó a buscarme artículos de él. Lanzani es un millonario griego -le informó Nico-. ¡Está forrado! Tu padre no era nada comparado con él.
-¿Y? -preguntó Lali, mientras se ponía en pie.
-Lali... no rechaces nada antes o después de esa boda -le advirtió Nico-. Lanzani no necesita el dinero de tu padre. No está bien que te quiten lo que es tuyo, sólo porque ese tipo quiera deshacerse de ti.
-Me voy a la cama...
-Estoy mirando por tus intereses, Lali. Tienes tus derechos -Nico le dijo con impaciencia-.
¡Tu padre se levantaría de la tumba, si se enterase de lo que Lanzani quiere hacer!
-Nico, Peter Lanzani no tiene nada que a mí me interese.
¿Sería verdad que Peter era más rico que su padre? La verdad, Nicolas no iba por ahí montado en una limusina y dos guardaespaldas. Se encogió de hombros. ¿Pero qué más daba? Y aunque fuera muy rico, también podía ser que fuera muy avaricioso. No obstante se llevó la revista a la cama. Había una foto de Peter, vestido con un traje muy elegante. Una rubia impresionante estaba agarrada a su brazo, como si tuviera miedo de que se le fuera a escapar. Lali miró a la rubia con pena. Peter era el típico machista al que le encantaba llevar las riendas de una relación. Incluso ella, que no tenía mucha experiencia, se había dado cuenta de ello, desde el primer momento.
Cuando tres semanas más tarde, Lali entró en el registro civil, luchaba por superar su nerviosismo. Aunque la molestaba la obsesión de su padre por proporcionarle el estilo de vida que habría tenido si la hubiera reconocido como hija, sabía que había redactado aquel testamento con sinceridad, y aquello la hacía sentirse culpable y desleal.
Cuando aparcó su furgoneta, observó la limusina. Los guardaespaldas la esperaban fuera. Ninguno de los dos iba vestido para soportar la primavera de Yorkshire. Estaban ateridos de frío y el más joven, Pablo, estaba estornudando. Los dos hombres se anticiparon y le abrieron la puerta.
-Llegas tarde -le dijo Peter, dirigiéndose hacia ella a grandes pasos.
-Pero he llegado -contestó Lali-. Y no me mires así.
-¡Theos...! ¿No te compró Nicolas ropa decente?
Lali se puso colorada, apretó la boca y observó lo bien que le quedaba el traje azul marino, la camisa de seda y la corbata dorada.
-¿No creo que se te haya ocurrido pensar que iba a vestirme de novia para esta farsa?
-Esto no es una farsa -gruñó Peter-. Vamos a contraer matrimonio.
Al cabo de unos segundos, un funcionario se acercó a ellos y los invitó a pasar a una sala, donde se iba a celebrar la ceremonia. Lali se quedó helada.
-No me gusta esto nada -susurró Lali. Peter le dio la mano y tiró de ella.
-Tendrás que hacerlo por Emilia.
Lali palideció al oír el nombre de la viuda de su padre. Aquello era una tapadera, una maniobra para que Peter heredase todo el dinero de Nicolas. Concentró su atención en una flor casi marchita que había en una de las mesas, y minutos más tarde, también miró con cierto asombro el anillo que le ponía Peter en su dedo.
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ReplyDeletenove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove nove
ReplyDeletesube mas porfavor
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