Sunday, May 3, 2015

capitulo 20

—En una escala del uno al diez... diez —contestó Lali con la voz entrecortada.
—Tienes la piel tan blanca como la porcelana—dijo Peter explorando sus pechos—. Eres delicada y sensible. Me encanta.
Lali no se podía estar quieta bajo aquellas caricias. Arqueó la espalda pues quería más.
—Bésame...
Peter obedeció y sus lenguas se encontraron. Peter sonrió al darse cuenta del deseo de Lali de sentirlo sobre ella, pero se frenó.
—Hace nada has dicho que jamás habías deseado a una mujer como me deseas a mí —protestó—. ¿Era mentira?
—En absoluto —le aseguró Peter quitándole las braguitas—. Tenemos toda la noche, bella mia. No hay prisa. Quiero que sea especial.
Lali estaba fuera de control. Se moría por tocarlo y, si no lo hacía, era por temor a hacerlo mal. Le besó el hombro y deslizó su boca por su pecho. Una vez allí, tomó aire y siguió bajando hasta su vientre, pero cuando iba empezar lo interesante Peter la tomó del pelo y la hizo subir.
—Veo que eres una mujer independiente —susurró.
— ¿Prefieres que me tumbe de espaldas y piense en...?
—En mí —contestó Peter—. Tienes que pensar en mí.
Se deleitó acariciando sus curvas y haciéndola gemir de placer. Lali no podía pensar, tan sólo sentir y lo que estaba sintiendo era extraordinaria mente intenso.
Peter le estaba acariciando la entrepierna y Lali no pudo evitar que sus caderas se movieran solas en un balanceo tan antiguo como la propia historia de la humanidad.
— ¡Oh, por favor!
Por fin, Peter la tocó en el centro de su feminidad, allí donde necesitaba que la acariciaran, allí donde el calor era un intenso tormento.
El calor y el deseo se apoderaron de ella cuando Peter la penetró con un dedo, pero aquello no había hecho más empezar. Cuando Lali se sentía como la miel a punto de entrar en ebullición, Peter le demostró que todavía había más placer por experimentar.
—Me vuelves loco —jadeó colocándose entre sus piernas.
Lali sintió cómo la penetraba suavemente y el dolor se apoderó de su cerebro haciéndola abrir los ojos sorprendida.
— ¿Quieres que pare?
—No... —contestó Pippa cerrando los ojos.
Sabía que el dolor terminaría y daría paso al más increíble de los placeres.
—No me parece bien pasármelo bien cuando tú estás sufriendo —murmuró Peter a modo de disculpa.
Lali estuvo a punto de reírse entonces y supo que, si no se había enamorado ya de aquel hombre, se iba sin duda a enamorar de él.
—No pasa nada... —le aseguró.
—Amore... —dijo Peter besándola—. Eres muy valiente...
—No, lo que pasa es que te deseo con todo mi cuerpo —confesó Lali arqueando las caderas e invitándolo a que entrara en ella por completo.

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