-¡Cómo voy a vivir contigo dos meses, si ni siquiera me puedo imaginar estar a tu lado una semana!
-¿Pero tú a qué estás jugando? No tengo otro remedio que concederte todos los lujos, pero te juro que la idea de tener que recompensarte por tu traición me hace sentir asco.
Dos horas más tarde, después de una buena comida, que había saciado el hambre que tenía, la sonrisa iluminó el rostro de Lali. Estaba en el cuarto de baño que había al lado de su habitación. Peter vivía en un verdadero palacio, fuera de la ciudad. Había un montón de criados. No tenía más que levantar un dedo, para que fuera uno a atenderla. Era como estar hospedada en un hotel de cinco estrellas.
Cuando Peter la presentó como su esposa a los sirvientes, ella se ruborizó. Él le explicó el sistema de telefonía de aquella casa. Le dijo que si quería llamarlo por teléfono tenía que marcar un cierto número. Se iba a cansar de esperar. Y en una casa de aquel tamaño, estaba segura de que podría llamar desde algún sitio a Nico. Peter no podía estar vigilándola todo el tiempo.
Lo odiaba. Y lo despreciaba. ¿Cómo podía atraerla? ¿Por qué, cuando al fin estaba sola, no podía hacer otra cosa que pensar en Peter? Frunció el ceño.
Lo cierto era que tenía sus cosas positivas. Era un hombre que adoraba a Emilia. Estaba dispuesto a hacer cualquier esfuerzo para que Emilia no se enterara del testamento que había dejado su marido. Y no era por avaricia. Se puso colorada. Peter tenía de verdad tanto dinero como Nico había dicho. El avión privado, su palacete y aquel estilo de vida lo atestiguaban.
Era un hombre que también había amado a su padre, reconoció Lali, a regañadientes. Pero los dos eran hombres con una personalidad muy distinta. Nicolas era un hombre que siempre contaba chistes y sonreía, fijándose en el lado positivo de las cosas.
¿Le resultaba más fácil a Peter creer que Nicolas se había vuelto loco por ella? La verdad, sospechó, era más demoledora. Nicolas había guardado un gran secreto durante más de veinte años. Su padre había querido lo que no podía tener. Había querido tener a su hija, sin que ello hiriera a su mujer.
Aunque a veces había estado a punto de confesárselo todo a Emilia, no lo había hecho, ni siquiera cuando contemplaba la posibilidad de una muerte prematura. ¿Cómo había podido pedir su padre a Peter que se casara con ella? Lali movió en sentido negativo la cabeza y suspiró. Incluso aunque Peter aceptara que era la hija de Nicolas, su padre no tenía ningún derecho a exigirle que hiciera tal sacrificio.
Vestida con un albornoz, Lali salió del cuarto de baño, ya más descansada y tranquila. Pero aquella sensación duró poco. Porque en la habitación estaba Peter.
Lali se puso tensa, sus ojos negros se fijaron en el traje de estilo italiano que él se había puesto. Le daba un aspecto de un gánster muy atractivo..
Peter frunció el ceño.
-¿No te dije que mientras que estuviéramos aquí tenías que actuar como si esto fuera un matrimonio normal? Lali asintió con la cabeza.
-¿Entonces por qué insistes en que te traigan la cena a tu habitación, en vez de venir al comedor? ¿Y por qué rechazaste el ofrecimiento del ama de llaves de enseñarte la hacienda?
-¿Hay algo más que haya hecho mal? -le respondió, dando un suspiro.
-No eres una invitada. Este se supone que es tu hogar. Actúa como si fueras una recién casada.
-No tengo ni idea de cómo actúa una mujer recién casada.
-Pero sí tienes imaginación. Úsala -le sugirió Peter, en un tono irónico.
Ya la estaba utilizando. En su imaginación Peter era un gánster misterioso sacado de una película de blanco y negro. En la misma escena estaba ella, vestida con un vestido de los años veinte, objeto de las pasiones de él. Lali terminó aquella fantasía erótica dando un suspiro.
-¿Qué te pasa? Pareces muy tranquila -comentó Peter. -Será del avión -contestó Lali, poniéndose colorada.
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