No, prefería empezar en otro sitio. Elegiría una empresa donde la belleza no contara más que los conocimientos y donde se apreciaran el esfuerzo y los resultados. Sobre todo, elegiría una empresa con cuyo jefe no se hubiera acostado.
Apretó los dientes y se volvió a mirar. Eso también había sido culpa de Peter. Ella jamás hubiera traicionado sus principios y se hubiera acostado con su jefe de haber sabido quién era.
Estaba furiosa y se dio cuenta de que no se iba a quedar tranquila hasta que no hubiera hablado con él.
Tomó el ascensor hasta la planta en la que estaban los directivos. Ya era casi la hora de comer y los pasillos estaban llenos de gente. Fue directamente a la oficina del consejero delegado, llamó a la puerta y entró sin esperar contestación.
Sorprendido por la repentina interrupción, Peter levantó la mirada de la pantalla del ordenador y miró a Lali. Iba vestida entera de negro y no se había maquillado, pero aun así su boca resultaba tan tentadora como una cereza madura.
Peter sonrió contento de volver a verla y se preguntó por qué llevaba un traje que le quedaba grande.
Aquella sonrisa hizo que Lali estuviera a punto de perder el control. El hecho de que Peter fuera capaz de sonreír cuando ella se sentía tan mal era demasiado. Por otra parte, aquella sonrisa la encandilé de nuevo como la noche anterior y la hizo ruborizarse.
—Mariana —dijo Peter poniéndose en pie y acercándose a ella.
—Me llamo Lali, Lali Esposito —le contestó saliendo del encantamiento—.
Peter... ¿cómo has podido mentirme así?
—Yo no te he mentido —se defendió él.
—Tú sabías que yo no sospechaba que eras Peter Lanzani. Si no querías decirme la verdad, deberías haberme dejado ir.
—Pero tú no querías que me fuera, cara —le recordó preguntándose por qué saber quién era la enfurecía tanto cuando otras mujeres se mostraban encantadas.
No era un compañero de trabajo, sino el dueño de la empresa, no era un empresario de éxito sino un hombre que lo había conseguido todo, no tenía un buen sueldo sino que era tan rico que tenía un avión privado y multitud de casas lujosas.
¿Que tenía de malo todo aquello? ¿Cómo se atrevía aquella mujer a acusarlo de haber mentido cuando él había tenido mucho cuidado de no hacerlo?
Lali levantó el mentón y tomó aire.
—Eres mi jefe y tenía derecho a saberlo.
— ¡Estas haciendo una montaña de un grano de arena! —exclamó Peter impaciente.
— ¿Un grano de arena?
—Después de lo que pasó entre nosotros anoche, esto no es nada, carissima
—contestó Peter acercándose a ella.
quiero mas
ReplyDeletepara mi los dos se mintieron asi que estan iguales espero el proximo
ReplyDeletemas
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