—Había pedido un ascenso para hacerme cargo del departamento financiero —le explicó Lali nerviosa—. Llevaba ya meses desempeñando ese trabajo y creía que el puesto era mío, pero le concedieron el ascenso a otra mujer que profesionalmente está por debajo de mí tanto en cualificación como en jerarquía pero que es mucho más guapa que yo...
—Dios mío, esa foto no te hace justicia. Con este aspecto, no te reconozco ni yo —confesó Peter frunciendo el ceño exasperado—. Te aseguro que lo único que dije sobre tu apariencia en Nápoles fue que tenías un aspecto descuidado.
— ¿Cómo has dicho? —exclamó Lali anonadada.
—Lo siento, pero así es —dijo Peter mostrándole la foto.
— ¿Por qué lo dices? —insistió Lali arrebatándole el documento.
—Me parece que no hace falta que te lo diga. Mira qué pelos llevas —contestó Peter.
Lali se giró.
—Descuidada... —repitió sintiendo náuseas.
Peter se dio cuenta de que estaba dolida y lo sintió profundamente, pero estaba muy enfadado con ella.
—Te falta un botón en la chaqueta y una de las perneras del pantalón tiene el bajo descosido. No estás muy bien. Eso fue lo único que dije.
Lali había palidecido. Se mordió el labio inferior hasta que se hizo sangre. Aquella foto la habían tomado cuando no hacía una semana que su padre había muerto y había llegado a la sala donde estaban todos esperándola excusándose por llegar la última.
Era cierto que no llevaba el mejor traje que tenía, pero que Peter hubiera dicho de ella que tenía un aspecto descuidado la mortificaba. ¿Cómo podía ser tan cruel de no considerar sus sentimientos?
—Fue lo único que dije —le aseguré Peter decidiendo allí mismo que había sido la última vez que hablaba sobre la apariencia personal de un empleado sin tenerlo delante.
En cualquier caso, aunque le costara admitirlo, por su culpa Lali había perdido el ascenso. Se tendría que haber dado cuenta de que los directivos de la empresa que acababa de adquirir estaban deseosos de agradarlo en todo y de que su crítica había hecho que se cuestionaran su ascenso hasta decidir que no era correcto.
—Quiero que te quede claro que no hice ningún comentario inapropiado sobre mis supuestas preferencias físicas con respecto a mis empleadas—concluyó.
Lali no dijo nada.
—Por tu silencio asumo que me crees.
—No asumas nada —sonrió Lali dolida—. Por tu comportamiento de anoche, está claro que no crees que te tengas que regir por los principios de respeto por los que se regiría un jefe normal.
bueno lali ya te explico peter como son las cosas asi que no la hagas dificiles y perdonarlo
ReplyDeletequiero mas
ReplyDeletenecesito mas
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ReplyDeleteotro mas
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