Lo más difícil de todo había sido fingir indiferencia ante la humillación que Gaston le había infligido. Gaston la había utilizado para llegar hasta Euguenia, de eso no había duda. Gaston no tenía absolutamente ningún interés en ella y eso había hecho que Lali jamás volviera a fiarse de sí misma a la hora de juzgar a un hombre.
Salió de esos nebulosos recuerdos al darse cuenta de que había un repartidor frente a su mesa con un increíble ramo de flores.
—Vaya... —comentó Rocio—. ¿Es tu cumpleaños o algo así?
Lali tragó saliva y abrió el sobrecito que había entre las flores.
«Mándame un mensaje al móvil con tu dirección. ¿Terminas pronto?».
No estaba firmado y no era su letra, pero Lali estaba convencida de que había sido Peter quien le mandaba aquellas flores, pues no conocía a nadie más que pudiera gastarse ese dineral en un centro.
Debería ignorar tanto las flores como el mensaje, pero la tentación de hacerle llegar su dirección era muy, fuerte, pues nunca un hombre se había portado así con ella.
—Te llaman al teléfono, Lali —anunció Rocio.
Lali atendió la llamada.
— ¿De verdad tenemos que escondernos? —se quejó Peter—. Mi abuela inglesa solía aconsejarme que siempre dijera la verdad.
—Pues ya podrías haberla escuchado y haberte aplicado el cuento —exclamó Lali apartándose un mechón de pelo que se le había salido de la coleta.
—He tenido que echar a todos mis colaboradores de la sala de reuniones para poder llamarte...
— ¿Te he pedido yo acaso que lo hicieras? —contestó Lali sonriendo encantada.
— ¡Necesito el teléfono! —dijo Mercedes arrebatándole el auricular y cortando la comunicación.
Lali la miró atónita.
—No tenías por qué haber hecho eso...
— ¿Ah, no? —dijo Mercedes mirándola con desprecio—. ¡Por tu culpa he pasado uno de los peores ratos de mi vida!
— ¿Perdón?—dijo Lali dándose cuenta de que su nueva jefa estaba al borde del colapso.
—Después de hacer mi presentación, ese canalla irónico de Lanzani, me ha bombardeado a preguntas que no he sabido contestar y me ha tratado como si fuera estupida... ¡Todo es culpa tuya por no haberme preparado bien! —sollozó Mercedes.
Acto seguido, cuando se hizo un incómodo silencio, Benjamin apareció de la nada y se llevó a Mercedes.
—La señorita Funes estaba nerviosa y no sabe lo que dice. Lali... eh... lo siento mucho. Seguro que, en cuanto se encuentre un poco mejor, Mercedes te pedirá perdón.
Mientras se la llevaba hacia su despacho, Mercedes gritó bien alto que no tenía ninguna intención de pedirle jamás perdón a Lali por nada.
que idiota es mercedes que se cree que lali le va a ser su trabaja que bueno que peter la puso en su lugar si es una tarada
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