Peter la miró durante un segundo, pero fue más que suficiente para que Lali sintiera mariposas en el estómago y estuviera a punto de sonreír como si estuvieran solos en la habitación.
—Sus conocimientos sobre planificación económica son impresionantes —le dijo Peter sinceramente.
Ante aquel cumplido, Lali se sonrojó.
Una vez concluida la reunión, Peter le hizo una señal para que se quedara a hablar con él.
—Me gustaría hablar de tu futuro en esta empresa mientras cenamos esta noche. Saldremos directamente desde la oficina y cenaremos pronto... si te parece bien.
—Eh... sí, por supuesto —murmuró Lali preguntándose en qué condiciones la estaba invitando.
¿Sería sólo una cena de trabajo tal y como ella habría querido? Estaba claro que la actitud de Peter hacia ella había cambiado. La estaba volviendo loca. ¡Se estaba comportando como su jefe y no lo podía soportar!
¿Pero no había sido eso exactamente lo que ella le había pedido? Sí, pero no podía soportar que la tratara corno a cualquier otra empleada. Se sentía horriblemente mal cuando no la miraba ni le sonreía.
¿Era una romántica que necesitaba disfrazar el sexo con un sentimiento más duradero? Debía de ser eso, pues Peter no le había ofrecido una relación estable, ¿no? No, claro que no. De hecho, le había dejado muy claro que su estancia en aquella empresa no iba a ser permanente.
Era obvio que se quería volver a acostar con ella y no lo ocultaba. ¿Por qué lo iba a ocultar? Al fin y al cabo, estaba acostumbrado a tener a las mujeres que le daba la gana.
Evidentemente, era el último hombre sobre la faz de la tierra con el que una mujer albergaría esperanzas románticas. ¿Por qué no era ella capaz de hacer lo mismo? ¿Por qué no era capaz de admitir que lo único que iba a tener con él era una relación física?
Se iba a ir a Francia en diez días, allí iba a empezar una nueva fase de su vida. Entonces, ¿por qué no aprovechar lo que la vida le ponía por delante durante aquel tiempo?
Una aventura con fecha de caducidad, lo que le aseguraba que no sufriría. Una aventura con sus condiciones. Sería ella la que tendría las riendas.
Era imposible que perdiera el control en tan poco tiempo.
En tan pocos días, era imposible que le diera tiempo a sufrir. Lali levantó el mentón con decisión y felicidad.
Estaba decidida a tenerlo durante un rato, disfrutarlo como se hace con los buenos bombones de chocolate y luego ponerse a dieta.
«Tenías razón. Yo también te deseo», le escribió al móvil.
Hasta que al fin se decide Lali,deberian sincerarse ambos.. Está buenisima siguela
ReplyDelete