Tuesday, September 15, 2015

capatulo 71

Lali se imaginó lo que esa confidencia respecto a Eleanor le había costado a su amiga contársela.
-Si Peter llega a cambiar alguna vez, no será porque lo haga por mí. Créemelo, Rocio  -musitó-. Y no necesita una esposa por las mismas razones por las que, por lo general, los hombres las necesitan. Tiene suficiente servicio doméstico que se encarga del mantenimiento de sus casas, y mujeres... éstas van y viene. Eso es lo que le gusta a Peter. La clase de vida que prefiere.
En el lapso de incómodo silencio, el timbre de la puerta sonó dos veces.
-Debe ser para ti -dijo Lali-. Peter no vendrá hasta las diez.
Mientras Rocio iba a abrir, Lali entró en su habitación, aliviada de que hubiese terminado aquella charla, y porque tenía que vestirse, pues estaba en camisón.
-Creo que llegué antes de tiempo -dijo la voz de Peter desde la puerta del dormitorio, y Lali sintió un escalofrío que le recorría la columna vertebral-. ¿Ya has terminado de hacer las maletas?
-No voy a ir a ninguna parte, así que no tengo que hacer las maletas.
-Creí que anoche ya habíamos puesto todo esto en claro -expresó Peter, y su sonrisa desapareció.
-Si ello te hace sentir mejor, aceptaré la pensión que me ofreció Lew. Entonces podré alquilar alguna pequeña casa. Sería la mejor solución.
-¿Dónde está tu anillo? -tomó la mano izquierda de ella-. ¿No te da vergüenza en tu estado ir sin anillo?
-Es que mis dedos engordaron igual que mi figura -explicó ella mientras soltaba la mano-. ¿No comprendes, Peter? ¡No es necesario que hagas más sacrificios!
-No tengo madera de mártir -aseguró Peter con una mueca-. ¿Por qué no te vistes? El día es hermoso y gozarás del viaje hasta la casa.
Lali pensó que era como darse contra una pared y deseó terminar con ello, antes de echarse a llorar.
-No voy a ir a ninguna parte contigo, así que vete y sigue adelante con la clase de vida que llevabas antes de que Gilles te fuera a ver ayer -replicó ella.
-Una vida de trabajo.
-¿En serio?
La tensión chisporroteaba entre ellos.
-Te lo advertí -declaró Peter; respiró con suavidad y sus manos se posaron firmes en la cintura de ella y de súbito la levantó en el aire. Lali pataleó y gritó.
-¡Bájame! ¿Me oyes, Peter?
-Es mejor que te calles -se la puso sobre el hombro, pero no sin que antes ella viera que en sus ojos brillaba un decidido propósito.
-¡Rocio! -trato de pegarle a él en la espalda pero, gracias a su voluminoso vientre, no alcanzó.
-Más tarde mandaré a alguien a recoger la ropa de Lali, si tú eres tan amable de meterla en las maletas -dijo Peter a la asombrada Rocio antes de abrir la puerta.
-¡Nunca te perdonaré esto! -gritó Lali en el ascensor-. ¡No puedes sacarme a la calle en camisón! Vuelve. ¡No te atrevas a ponerme en evidencia!
-No tengo que hacerlo yo, tú sola lo haces muy bien.

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