El sordo rugido de los motores del jet le producía a Lali un leve dolor de cabeza. ¿O serían sus nervios? Muy tranquilo, Peter hablaba por teléfono en fluido
francés, mientras sobre el lujoso escritorio instalado en la cabina de pasajeros, se encontraban los documentos que estaba estudiando junto con Lew Harrison, su abogado. Al recibir una fría mirada por parte del abogado, sentado al Iado opuesto suyo, Lali bajó con enfado los ojos de nuevo hacia la revista que tenía en el regazo.
A Lew lo había conocido el día anterior, en el apartamento. Cuando Peter se encontraba fuera, el abogado llegó con un documento que ella debía firmar.
-No comprendo qué es lo que en realidad quiere decir esto -se disculpó Lali.
-Es un documento por el que le cede a Peter el control de su futura herencia, señorita Esposito. Dicho control será valido tan sólo durante un año -aclaró el abogado con fría brevedad, a la vez que de su rostro se esfumaba la sonrisa de cortesía-. Al término de ese período, usted podrá hacer con el dinero lo que crea conveniente. Peter considera que este arreglo es necesario.
Su velado desdén constituyó una desagradable sorpresa.
-Me doy cuenta de que no aprueba este asunto, señor Harrison.
-No creo haber dicho tal cosa, señorita Esposito.
-No necesita decir nada -replicó ella al firmar-. Su opinión es obvia. Quizá pueda decirme el motivo.
Él metió de nuevo el documento en su portafolios.
-Estoy enterado de que usted se va a casar -cerró el portafolios-. Y no me gusta nada. Parece ser que Peter desea hacerse cargo de todas las responsabilidades financieras de usted y no quiere que se haga un contrato prenupcial -explicó con voz inexpresiva.
-Señor Harrison, yo no tocaría ni un sólo centavo del dinero de Peter -protestó Lali, horrorizada ante la insinuación-. La ceremonia no pasará de ser una formalidad.
-Sí, una formalidad, pero entonces usted tendrá posibilidad legal para disponer de las propiedades de los Lanzani. Para mí, eso es más que una mera formalidad. Peter vale millones. No obstante, debido a la confianza que tiene en usted, no acepta hacer algo para proteger sus propios intereses -informó con sequedad-. Por lo tanto, es natural que yo desapruebe todo esto. Le pido una disculpa, señorita Esposito, si es que he interpretado mal sus intenciones.
Ella se sintió muy molesta, pero prefirió no decirle nada a Peter. Después de todo, Lew Harrison se daría cuenta muy pronto de que no tenía nada de qué preocuparse.
Durante la cena de la noche anterior, Lali le preguntó a Peter cuando podría disponer ella de la herencia de Adam, pues cuanto menos dilaciones hubiese para su independencia económica mejor se sentiría. Él le explicó que Adam había dejado sus asuntos financieros en un inexplicable desorden, tal vez causado por el miedo a la muerte, pero que las investigaciones ya estaban en manos de las personas adecuadas.
De súbito, el ruido de la puerta de la cabina al cerrarse la hizo volver al presente, y se dio cuenta de que Lew Harrison ya no se encontraba con ellos.
-Estás muy callada -comentó Peter mientras se abrochaba el cuello de la camisa y se arreglaba la corbata, pues pronto aterrizarían-. ¿Te molesta la fría reserva de
Lew? Al menos eso me ha parecido, pero piensa en que un buen abogado tiene que ser así.
otrooooooooo
ReplyDeleteMaaass
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