¿De qué ropa hablaría el hombre?
-Señora Lanzani, ¿desea que contrate una doncella para usted?
Lali sorprendió una sonrisa en las facciones del mayordomo.
Maldición, había logrado sorprenderla.
-Permítame, felici...
-Oh, no... por favor no vaya a decirle a Peter que lo sabe. Sería la última gota... -dijo Lali, y huyó a toda prisa, antes de que hubiese más preguntas. Al encontrarse en su habitación, llamó al número de información telefónica y averiguó el de la única amiga que tenía en Londres: Rocio, quien había sido condiscípula de ella y que era modelo. Tenía su propio apartamento y en repetidas ocasiones había mencionado que disponía de un dormitorio extra, el cual le pareció de súbito muy atractivo a Lali. El número de Rocio estaba comunicando, así que Lali fue a sacar mientras tanto una maleta del fondo del armario.
-Te advierto -indicó una grave voz desde el umbral de la puerta -que si lo que tratas de hacer es irte, te encontraré en dondequiera que vayas -él ya se había despojado de su elegante traje y llevaba unos descoloridos y apretados vaqueros-. Pareces preocupada, Lali. ¿Será que tus pecados pasados y presentes te angustian?
Ya obtuve la comunicación con Pretoria y...
-¿Pretoria? -preguntó Lali con asombro-. ¿De qué hablas?
-Con razón preparabas la huida... ¡Y deja de poner cara de inocente! No querías estar presente cuando estallara la bomba, ¿verdad? Me imagino que después sólo te pondrías en contacto conmigo a través de tu abogado para pedirme el divorcio. O tal vez planearas volver conmigo y sacar así una parte mayor. ¿Tan obsesionada estás conmigo? ¿Creías que algún día te perdonaría?
-¿De qué me acusas? -preguntó ella, al borde de la histeria.
-¿Estás enamorada de mí? ¿Se debe a eso tu comportamiento?
¿Habría tomado Peter alcohol o algún otro tipo de droga? Pensó Lali al no comprender nada.
-¿Amarte? Por supuesto que no -él se acercó a ella-. ¡Si llegas a poner un solo dedo sobre mí, gritaré!
-Quizá te amordace.
-¡Peter!
-¿O deberé atarte? -preguntó él imperturbable-. Aunque debo felicitarte por la ingenua simplicidad de tu plan. En toda mi larga experiencia, ésta es la primera vez que me encuentro con una mujer que no se vale del atractivo del sexo o la inteligencia, sino de un aspecto lastimero. Pues lo siento, Lali. Tu aspecto está muy lejos de ser patético en este momento -declaró con énfasis-. Llama a Benjamin.
Lali agitó las pestañas, anonadada.
-¿A Benjamin?
-Sí, a Benjamin -repitió Peter-. Ahí está el teléfono.
A ella se le tiñeron de rubor las mejillas.
-Lo que he sacado en conclusión, es que el tal Benjamin sólo existe en tu imaginación.
quiero mas
ReplyDeletemassssssss
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