Saturday, September 12, 2015

capitulo 41

Lali se sintió aturdida, pues no se había imaginado que toda aquella ropa era para ella.
-¡No quiero nada de eso! -aseguró ofendida, y no le importaba si Peter, no estaba acostumbrado al rechazo, y se enfadaba por ello; ni tampoco si la noche anterior él había estado con cualquier otra mujer. Unos cuantos vestidos no iban a servir para tranquilizarla.
-Lali, mientras vivas conmigo como mi esposa, vas a tener que vestirte bien.
Esas palabras fueron la clásica gota que derramó el vaso. Había tenido la intención de tratarlo con desdén a la hora del desayuno, pero no pudo contenerse.
-Entonces busca a alguien que sea buena actriz -sugirió al ponerse de pie-. Yo no sirvo para eso.
Intentó alejarse con dignidad, pero Peter no se lo permitió, pues él también se puso de pie de inmediato, se acercó a ella y la rodeó con los brazos.
-¡Suéltame!
Como respuesta, él oprimió la boca sobre la de ella y todo volvió a empezar, aquel increíble y fuerte surgimiento de excitación que Lali ya había aprendido a temer. Las manos de Peter se apoyaron en sus mejillas, tranquilizándola, y su lengua exploró con sensualidad entre sus labios hasta que aquel esbelto cuerpo femenino se estremeció con la fuerza de las sensaciones que él podía despertar con tanta facilidad. Una de sus manos se deslizó hasta las caderas de ella para atraerla hacia el duro soporte de sus muslos. Sus ojos eran de un profundo y denso color verde cuando levantó la cabeza.
-Te deseo -confesó Peter con aspereza-. Y eres afortunada de que así sea, así que... ¿para qué luchar?
Oh, ¿por qué no podría ella permanecer impasible entre sus brazos? Si pudiese demostrar que no lo deseaba, acabaría con su juego.
-Se trata tan sólo de atracción sexual.
-¿Y qué tiene de malo el sexo?
Sí, la deseaba, pero eso no significaba nada, pues ella estaba ahí y era una novedad para aquel hombre acostumbrado a que las mujeres lo asediasen. Eso era todo. Y no era necesario que nadie le dijera que Peter consideraba el sexo como un deseo que había que satisfacer con frecuencia. Así que de ninguna manera la consideraría especial, sino una más entre tantas.
-Lali... ¿No crees que exageras? -de súbito, la empujó suavemente para que caminase hacia el dormitorio.
-No... no puedes... No otra vez.
-No te preocupes, esperaré hasta que tu placer pueda igualar al mío.
Lali necesitó hacer un esfuerzo sobrehumano para separarse de él, pero al fin lo logró.
-Te desprecio -aseguró, pero era mentira; a quien despreciaba era a ella misma.

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