-No soy miedosa -era obvio que Peter trataba de referirse, en broma, a lo sucedido entre ellos, así que Lali le siguió la corriente.
-Y si tuvieras que elegir entre una tarántula y yo, ¿con cual de los dos bichos te quedarías? -rió, y ella sintió ganas de pegarlo, pues ya no tenía ganas de bromear-. Me imagino que Benjamin y tú no coqueteabais.
¿Benjamin? ¿Por qué lo mencionaría si hacía tres semanas que no lo hacía? Aunque, pensándolo bien, era sorprendente que no hubiese hecho más preguntas acerca de él.
-Yo no sé flirtear.
-¿Y qué crees que es lo que haces con tus grandes ojos negros? -la provocó Peter-. Eres una buena compañía, ¿sabes? Lo malo es que siempre te menosprecias.
Tienes muy pocos hábitos irritantes.
A Lali le hizo gracia que él diese a entender que tenía algunos.
-Háblame de ello.
-Nunca te quejas del tiempo, ni de la ropa o la comida, o cuando yo llego tarde. Creo que deberías tener más seguridad en ti misma.
-Sí, para que entonces empecemos a discutir sobre a dónde ir y qué hacer al llegar. Eso te encantaría.
-Soy muy egoísta, ¿verdad? -comentó él sin ningún remordimiento-. Eso me sucede porque no estoy acostumbrado a tomar en consideración a alguien más. Ahora te tengo a ti -levantó la mirada y sonrió-. Sugiero que nos vayamos a casa y luego bajemos a la playa.
Dos horas después, Lali tomaba el sol tumbada sobre una toalla, bajo la sombrilla que Peter había insistido en llevar. Como siempre le sucedía cuando estaba en bikini, se sentía demasiado consciente de la cercanía de Peter. Al extender la mano para coger su loción. bronceadora, él la detuvo con sus largos dedos.
-Quédate quieta -le dijo-. Yo te pongo la crema.
El frío y firme masaje de sus hábiles dedos sobre la acalorada piel de su espalda, la paralizó. Cuando él, de manera despreocupada, le desabrochó el sujetador, ella se estremeció, pues sus manos llegaban hasta la base de sus senos. Los pezones se le endurecieron y en su bajo vientre sintió una humedad causada por el deseo. De súbito, ya no pudo soportar más su debilidad y se sintió aterrorizada de que Peter adivinase lo que la estaba sucediendo, por lo que se puso boca arriba, a la vez que se sujetaba el bikini con una mano.
-Tengo calor -jadeó-. Voy a entrar un rato en la casa. Al levantarse, Lali se sintió mareada y el sudor empezó a brotarle de la frente.
-¿Estás bien? -Peter se apresuró a sujetarla-. Hemos tenido un día muy ocupado y siempre olvido que todavía no estás acostumbrada a este calor.
Lali volvió a sentirse mareada y supuso que se había levantado con demasiada rapidez y que el calor era muy fuerte. Además, tenía que influir el hecho de que se sintiese tan mortificada por ser excitada con tanta facilidad por un hombre que la trataba como una especie de hermana menor.
otroooooooooo
ReplyDeleteMaaass
ReplyDelete