Monday, September 14, 2015

capitulo 62

-¿Gilles? -preguntó Lali muy sorprendida.
-Así es -respondió Rocio con una sonrisa-. ¿Ya os conocíais?
-No mucho -explicó Lali con turbación.
-Rocio y yo trabajamos juntos a veces -aclaró Gilles le Freneau-. Soy fotógrafo y vivo en el apartamento situado en el último piso de este edificio.
¿Así que él era Gil, el hombre de quien Rocio estaba enamorada y de quien le hablaba en varias de sus cartas?
-Gil, yo... -suspiró Rocio.
-Ya me iba -dijo él con una sonrisa.
-Lo siento, yo no sabía nada -manifestó Lali cuando Gilles se fue-. No debí haber venido sin avisarte.
-No has interrumpido nada, amiga. Gil y yo no dormimos juntos -aclaró Rocio con franqueza-. Hoy salimos a cenar juntos. ¿Quieres tomar una copa? A mí sí me apetece algo.
Lali se instaló muy a gusto en la habitación de invitados que tenía Rocio, y durante la primera semana de su estancia consiguió trabajo, el cual, le llegó por medio de Gilles.
Él era un asiduo visitante al apartamento y cuando supo que ella estaba buscando trabajo, le dirigió una inquisitiva mirada, pero no dijo nada. No obstante, un par de días después, le dio el número telefónico de un amigo.
-John es un arqueólogo para quien yo hice parte del trabajo fotográfico que usará en el libro que en la actualidad está escribiendo. Necesita alguien que lo ayude a poner en orden su material. Si te interesa, ponte en contacto con él.
Lali fue a ver a John Hawthorne, después de concertar una entrevista por teléfono. Resultó ser un agradable hombre de poco más de cincuenta años de edad. Le enseñó a Lali la pequeña oficina que había montado en la biblioteca de su casa de campo y le mostró la máquina que usaría para escribir. Ella sabía escribir a máquina, pero decidió inscribirse en alguna academia nocturna para perfeccionar sus conocimientos.
Se sentía muy contenta de haber conseguido trabajo tan pronto. Este no le duraría mucho tiempo, pero John podría darle una carta de recomendación cuando ya no necesitase sus servicios.
Las semanas transcurrieron con rapidez, y un día vio en el periódico matutino una fotografía de Peter en su yate. Ella se alegraba de haberle hecho creer que había ido a reunirse con Benjamin, pues así era mejor. Ahora él recorría el Caribe en compañía de hermosas mujeres que lo ayudarían a divertirse.
-Si alguna vez necesitas algo -le ofreció él con énfasis cuando se despidieron-, no dudes en llamarme.
¿Y qué haría si ella lo llamara para decirle que no comía, no dormía y nunca se había imaginado que amar fuese tan doloroso? Pero claro que no lo haría. En Navidad le
enviaría una tarjeta, y eso sería todo.

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