Las semanas pasaron y se convirtieron en meses. Lali continuó con su trabajo para John y, en una ocasión en que salió a hacer un encargo para él, se encontró a Gilles en Harrods.
-Este encuentro ha sido providencial -comentó él-. La semana próxima es el cumpleaños de Rocio y no sé qué comprarle. ¿Me ayudas?
-Por supuesto que sí.
-Después te invito a almorzar.
-John me está esperando.
-¿Así que es un explotador que no te deja tiempo para almorzar?
-No, lo que pasa es que me envía fuera con cualquier pretexto porque piensa que el aire fresco y el ejercicio son buenos para mí.
-Ese viejo solterón no sabe cómo tratar a una mujer embarazada. Yo diría que el ejercicio es lo que menos te conviene ahora.
Tenía razón. Lali estaba acalorada y cansada y le dolía la espalda.
Salieron a la calle y Gilles trató de sondearla respecto a sus sentimientos y forma de proceder hacia Peter, pero ella no se lo permitió y le dijo de manera enfática que estaba muy contenta, que tenía salud y que consideraba que las familias de un sólo progenitor no tienen nada de raro en estos tiempos.
-Desearía comprenderte, pero... -expresó Gilles con una sonrisa-. Por el momento no diré más. En vez de ello, te diré por qué estoy de humor para celebraciones.
Lali lo miró inquisitiva mientras cruzaban la calle.
-¡Acabo de comprar un anillo de compromiso para Rocio! -declaró él al abrir la puerta del restaurante.
Lali se sorprendió, aunque la convivencia con su amiga le había hecho darse cuenta de que estaba enamorada de Gilles, él era tan inescrutable con sus emociones como Peter.
-¿Lo sabe ella?
-Todavía no.
-Pues me alegro de que os vayáis a casar y te agradezco que me hayas hecho partícipe de la noticia.
Estaban charlando tan entretenidos, que ninguno de los dos prestó atención a una pelirroja que, con una expresión de incredulidad, se levantaba de su asiento en una de las mesas cercanas a la de ellos. Lali leía el menú, cuando Eugue se acercó.
-Hipócrita mosquita muerta -la acusó sin bajar la voz. Lali ni siquiera tuvo oportunidad de decir algo, pues Eugue se alejó de allí en seguida, dejándola boquiabierta.
Avergonzada por lo sucedido, le pidió a Gilles que se fueran de ese lugar de inmediato, a lo cual él accedió.
-Con toda seguridad se lo va a decir a Peter -se lamentó Lali, cuando subieron
al taxi.
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