-El día en que te pusiste enferma fue cuando me di cuenta de que te amaba. Verte llorar me afectó profundamente. Antes, me decía a mí mismo que sólo sentía cariño por ti, pero había muchas cosas que pasaba por alto. Aquella mañana en el Dorchester, cuando te encontrabas en cama... -sonrió a medias-. Trataba de averiguar por qué me parecías tan sexy aun con aquel horrible camisón, pero entonces no me gustó mi línea de pensamientos y me marché. Cuando me acosté contigo ya no pude alejarme de ti. Siempre me sentí posesivo contigo -musitó pesaroso-. Aunque realmente no me di cuenta de ello hasta que me dijiste que te ibas con otro hombre y no me gustó la idea.
Lali lo contempló, aturdida.
-Pero aquel día me preguntaste acerca de Benjamin, dijiste que...
-Me alteré mucho cuando vi aquellas malditas fotografías. Me imagino que en cierto modo fue algo gracioso y que me lo merecía. Pero me prometí que, después de todo el daño que te había hecho, trataría de arreglar las cosas para ti si podía -confesó con voz tensa-. Y si lo que tú querías era estar con Benjamin, entonces yo no tenía ningún derecho a retenerte. Casi me volví loco mientras pensé que vivías con él.
-Pero me dejaste ir, ¡y hasta me sonreíste cuando me despediste en el aeropuerto!
-Creí que estabas enamorada de él, aunque todo el tiempo que pasamos juntos en Dominica traté de hacer que te enamoraras de mí -alzó una de sus arrogantes cejas-. Pero, maldita sea, contigo no pude lograr nada.
Lali, quien nunca en su vida había tratado de seducir a alguien, empezó a desabrocharle la camisa con dedos torpes, pero Peter no lo notó.
-Todo lo que hice en Dominica me salió mal. Diablos, no sé cómo demostrarle a una mujer mi amor por ella... No quería volver a asustarte, así que no te toqué, pero tú no soportabas ni siquiera mi cercanía... y eso me dolió, y mucho, porque no trataba de llevarte a la cama. Ya había aprendido la lección. Antes tenía que lograr que me quisieras.
-Aquella noche en la playa, me alejaste de ti...
-Creí que todo lo que me ofrecías era sexo. Eres muy buena actriz. Eras amistosa, pero al mismo tiempo distante. ¡Lali! -frunció el entrecejo al mirarla-. ¿Qué haces?
-¿Y tú qué crees? -libre de todas sus inseguridades, Lali empezaba a hacer realidad todas las fantasías de eróticas posibilidades que se le habían ocurrido durante sus largas y solitarias noches del año anterior. Acercó los labios contra el rápido latir del corazón de él y la punta de su lengua inició una inquietante senda a través de su negro vello del tórax hasta llegar a uno de aquellos masculinos pezones.
-Dios mío -exclamó el asombrado Peter, mientras sentía que una de las manos de ella se deslizaba hasta su vientre, seguida con rapidez por la boca. Aquellas exquisitas manos femeninas, se dedicaron entonces a desabrochar el cinturón con renovado brío. Peter perdió la inmovilidad cuando sintió que las manos de su esposa llegaban a los
firmes músculos de sus muslos.
masssssssss
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