Monday, October 12, 2015

capitulo 101

 Tal vez tenga miedo de lo que Eugue y yo podamos pensar, y quiero que entienda que eso no tiene la menor importancia para mí. Necesita que la apoyen y la animen a hablar después de todos estos años, pero tú no tienes que disculparte por pedir esa información. Estás en tu derecho, y cuando ella se percate de que cuentas con apoyo tal vez decida hablar.
Lali se mordió el labio inferior. Stefano siempre había sido el niño mimado de su madre, quien se comportaba de un modo completamente distinto con él. ¿Cómo podía Lali hacerle entender que temía dañar irremediablemente la relación con Emilia?
Stefano le dio una palmadita en la mano.
—Confía en mí —le dijo con total seguridad en sí mismo—. Conozco a mamá... y sé de lo que estoy hablando.
Aquella tarde, Lali estuvo trabajando hasta muy tarde en los establos. El mozo se había tomado uno de sus días libres y había mucho que hacer. Stefano se había ofrecido para ayudarla, pero ella se había negado, ya que a Stefano nunca se le habían dado bien los trabajos manuales. Cuando acabó de darle de comer a los caballos, fue a la oficina a empezar con las facturas mensuales. Peanut estaba inusualmente inquieta, y no paraba de olisquear en la puerta y de arañar el suelo de piedra. Sansón ladró un par de veces y echó a correr de un lado para otro. De no haber estado tan ocupada, Lali se habría vuelto loca con tanto jaleo. Sólo cuando oyó un fuerte portazo salió a investigar.
Se sorprendió al ver a Peter entrando en el almacén, al otro lado del patio. Parecía estar buscándola.
—¿Peter? —lo llamó.
Alto y autoritario, se giró con rapidez y agilidad y le clavó la intensa mirada de sus ojos verdes.
—La verja del prado estaba abierta. ¡Tus caballos se han escapado!
Lali se puso pálida, pero enseguida se puso en marcha.
—Llamaré a Gas... ¡Necesitamos su ayuda!
—Dile que antes compruebe la carretera. Yo iré a avisar a Davis.
Lali localizó a Gas en el móvil. El muchacho le aseguró que estaría allí en cinco minutos.
—¡No entiendo cómo ha podido pasar! —exclamó ella con voz ahogada.
—Por descuido —dijo Peter en tono burlón.
—Mío no. Compruebo las verjas a diario...
—¿Cuántos caballos tenías en ese prado? —le preguntó, mientras Davis bajaba corriendo por las escaleras de su apartamento.
—Seis...
—Una yegua vieja está pastando junto a la verja, y he arrinconado a un castrado gris en el huerto. Eso hacen dos menos. Tú vigila este extremo del camino. Davis, tú ven conmigo... Recorreremos en coche la finca e intentaremos localizar al resto —su voz era áspera, fría y horriblemente impersonal.
—No soy una descuidada —insistió Lali—. Te juro que he comprobado...
—Tuve que salirme del camino cuando el castrado apareció enfrente del Range Rover. Suerte que tengo reflejos rápidos. Cualquier otro podría haberse matado.
—Lo siento... de verdad que lo siento —murmuró ella, sintiéndose muy desgraciada.

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