Peter la observaba con los ojos medio ocultos por sus espesas pestañas negras. Con el pelo negro desparramado sobre la almohada, y un ligero rubor en las mejillas, Lali ofrecía un aspecto encantadoramente hermoso. Su piel era tan delicada, sus ojos tan oscuros ... Le gustaba su silencio, la apacible calma que siempre irradiaba, como si una tranquilidad inviolable se hubiera afianzado en el centro mismo de su corazón. Y su resplandeciente sonrisa de satisfacción lo elevó a alturas insospechadas. Sabía que era bueno en la cama, pero ella lo miraba como si fuese una especie de dios. Casi se echó a reír ante una idea tan absurda. Entonces, en el momento en que normalmente se apartaba de la amante de turno, la rodeó con un brazo en un gesto superficial de afecto y la apretó contra él.
—Me parece que una segunda vez es más que probable, a thaisce —le susurró, con una voz profunda y reposada.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella, levantando la vista para mirarlo.
Nunca se cansaría de admirar sus rasgos esbeltos y atractivos. Tenía una estructura ósea extraordinaria, unas pestañas más largas que las suyas propias y unos ojos vivos e intensos. Una vez le había parecido frío y distante, pero ahora lo sentía cercano, cálido y familiar.
—Que eres un tesoro.
—¿Y qué más?
—Que eres encantadoramente dulce. Una virtud con la que rara vez me he topado en mi dilatada experiencia.
Lali se sintió embriagada por la felicidad y se estiró con lenta y pausada sensualidad. Los miembros le pesaban deliciosamente, lánguidos y agotados. Pensó que podría quedarse así para siempre. Nunca se había sentido más relajada, más femenina ni más en armonía con el mundo, y se regodeó con cada punto donde sus curvas entraban en contacto con la poderosa figura de Peter. El olor de su piel húmeda la embelesaba. Los dedos se extendieron posesivamente sobre la musculosa superficie de su abdomen.
—Benjamin... —susurró.
En cuanto aquel nombre salió de sus labios fue consciente de su error. El horror por lo que había dicho de modo inconsciente la dejó de una pieza. No podía imaginar de dónde había salido el nombre de Benjamin, ni por qué lo había pronunciado sin haberlo pensado siquiera. Conmocionada por su propia indiscreción, permaneció quieta y rígida como una estatua. Sintió cómo Peter se ponía tenso bajo ella, pero el cambio en su lenguaje corporal fue tan imperceptible que Lali albergó la tímida esperanza de que no hubiese oído su imprudencia verbal. Tal vez su ángel de la guarda había intervenido para distraer la atención de Peter en el momento oportuno.
—Tengo que ducharme —murmuró él suavemente.
Uuuuu como le debe doler el ego!
ReplyDeleteMaaas
como le pudo decir eso lali por dios, peter debe estar como loco con lo que escucho
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