Sunday, October 11, 2015

capitulo 94

—Se ha tropezado unas cuantas veces, pero supongo que no debería dar detalles.
—Dijiste que no tomarías partido por nadie —le recordó Lali, y alzó su copa de vino en un gesto alentador—. He superado lo de Benjamin, pero es natural que sienta curiosidad.
—Eugue gastó algunas bromas en una cena de abogados y ofendió a varios colegas de  Benjamin. Los amigos de éste la aburren soberanamente y, tras pasar un fin de semana en el norte con sus futuros suegros, se niega en redondo a volver allí. Benjamin buscaba en ella a la chica juerguista y las emociones prohibidas, y Eugue buscaba en él al abogado listo y solvente. Pero no creo que ninguno de ellos esté preparado para la convivencia rutinaria.
Stefano siempre había sido tremendamente astuto. Una habilidad que lo había ayudado a evitar los peligros que conllevaba alcanzar la fama a una edad tan temprana. Lali se asustó un poco al oírlo hablar sobre la relación de Eugue y Benjamin, pero también se quedó impresionada. También la alivió comprobar que la traición de su hermana le dolía más ahora que el engaño de su ex novio. No había tardado en ver que por Benjamin no merecía la pena llorar, pero sí echaba de menos el lazo que había compartido con Eugue antes de que Benjamin se interpusiera entre ellas y las convirtiera en rivales.
—¿Y qué me cuentas de tu vida amorosa? —le preguntó para cambiar de tema.
Era mejor no ahondar en el pasado.
Stefano apretó los labios, súbitamente serio.
—Tuve algo bastante intenso con una chica. Fue difícil de llevar, pero ya se terminó.
A Lali le picaba la curiosidad y dudó si debería pedirle más detalles, pero en aquel momento sonó el timbre de la puerta. Era una entrega especial, y Lali se sorprendió al ver la firma de Peter en la tarjeta. Nerviosa y excitada a su pesar, extrajo con mucho cuidado un estuche de joyería del sobre acolchado. Fuera lo que fuera, estaba decidida a devolverlo.
Abrió el estuche y se encontró con un broche de oro en forma de herradura tachonado de diamantes y esmeraldas. Las joyas eran tan brillantes que la aturdieron. Era un regalo verdaderamente precioso. Devolverlo iba a costarle mucho, pero no podía aceptar un presente tan valioso de alguien como Peter.
—Vaya, vaya... —dijo Stefano, riendo mientras miraba el broche por encima del hombro de Lali—. Una herradura dorada y, lo que es peor, elegida con pésimo gusto. Las joyas de imitación nunca deben ser tan ostensiblemente falsas.
—Sí —murmuró Lali, cerrando de nuevo el estuche. Prefería que su hermano sacara sus propias conclusiones antes de verse en la humillante necesidad de explicarle los motivos de su reciente comportamiento.
—Aunque por otro lado... supongo que eres el tipo de mujer a la que le gustan los broches de herradura —añadió Stefano, pero su sensibilidad innata le hizo adoptar una cómica expresión de disculpa—. Lo siento. No pretendía tener tan poco tacto. Me alegro de que vuelvas a tener a un hombre en tu vida.
—Yo no... eh... esto es sólo un regalo amistoso de alguien que me llevó a las carreras el otro día —balbuceó ella.

No comments:

Post a Comment