Stefano se pasó la mayor parte del día siguiente en la cama, recuperando el sueño perdido. Lali había oído cómo despegaba el helicóptero de Peter a las ocho de la mañana, y no fue hasta bien entrada tarde cuando lo oyó regresar.
El lunes amaneció un día cálido y soleado. Lali resistió el fuerte impulso de llamar a Peter a una hora inexcusablemente temprana sólo para oír su voz mientras le explicaba que, por mucho que le gustara el broche y aunque no quería ofenderlo, no podía aceptarlo. Decidió que un encuentro cara a cara sería más amistoso y menos propenso a malinterpretarse que una llamada telefónica.
Mientras Lali seguía angustiada tratando de encontrar la manera para aproximarse a Peter sin darle una impresión equivocada, él estaba recogiendo a Daniela de casa de su hermanastra en el pueblo. Debería haber estado en Roma, pero se había visto obligado a cancelar sus compromisos. A Daniela le había entrado el pánico cuando él le mencionó la cita que había concertado para ella con un psicólogo en Tralee. Peter había asumido rápidamente que si no quería arriesgarse a que la chica se perdiera otra vez, tenía que ofrecerle su apoyo personal antes de obligarla a afrontar cualquier tipo de prueba
Daniela se subió al Range Rover calzando unas botas grandes y pesadas. Peter la observó fijamente. Casi daba miedo mirarla: iba de negro de los pies a la cabeza, con los ojos pintados de tonalidades moradas y los labios de rojo granate resaltando contra su piel blanca. Era el vivo retrato de una vampiresa gótica. A Peter le entraron ganas de reír, pero era demasiado prudente como para cometer esa torpeza.
—¿Sabías que Lali ha vuelto con su ex? —le preguntó ella.
Peter se quedó completamente rígido.
—¿Su ex?
—Benjamin. Un vecino lleva un servicio de taxis al aeropuerto y ayer vio a Lali recogiendo a un hombre. Lo estaba abrazando y besando... ¡puaj! —le confesó Daniela como si le entraran náuseas—. He llamado a Gas para preguntárselo, y por lo visto interrumpió una especie de celebración en casa de Lali. Así que es cierto. Pero no puedo creerlo. Pensaba que Lali tenía más orgullo. ¿Estás enfadado?
—¿Por qué debería de estarlo? —se limitó a decir él, y su hermanastra quedó en silencio.
Peter dio marcha atrás con el todoterreno para salir a la carretera. No sentía nada. Nunca sentía nada. Las reacciones sentimentales eran para el resto del mundo, no algo con lo que él pudiera identificarse. De niño había tenido que aprender a controlar sus emociones. Obligado a presenciar la crueldad de Valente, e incapaz de intervenir, Peter había apagado sus respuestas humanas: era el único modo de preservar la cordura y sobrevivir.
Lali y Stefano disfrutaron de un copioso desayuno antes de usar el mapa hecho a mano de Tolly para encontrar la casa donde Emilia y generaciones anteriores habían nacido. La finca se llamaba Slieveross, y estaba tan apartada como
había advertido Tolly.
Maasss
ReplyDeleteQuiero verlos celoso! JAJAJAJAJA