Allí la asaltó la sospecha de que los frascos de perfume que había sobre la cómoda habían sido ligeramente desplazados. Por alguna razón, la habitación se le antojaba diferente a la vista, aunque no había ningún cambio evidente. ¿Se habría subido Sansón a la cama y había arrugado la manta? Era perfectamente posible. Ella no permitía al chihuahua entrar en el dormitorio, pero el animal no cesaba en su empeño.
¿Qué demonios le estaba pasando?, se preguntó. No era una persona paranoica ni obsesiva. ¡Nadie había estado en la casa mientras su hermano y ella visitaban Slieveross! Todo estaba en orden, igual que como lo había dejado. ¿Por qué permitía que Stefano la asustara? Aunque, considerando la fama de su hermano en la industria discográfica, no sería mala idea cerrar con llave mientras él estuviera allí. De modo que salió y quitó la llave de repuesto de su más que evidente escondrijo, debajo de una piedra junto a la puerta trasera.
Eran casi las cuatro cuando llegó a Lanzani Court. No había ni rastro de Tolly, y fue una criada quien la hizo pasar a la biblioteca. Lali estaba asombrada por el deseo tan intenso que sentía de volver a ver a Peter. El profundo anhelo brotó en su interior sin previo aviso y la inundó de una timidez insoportable. Cuando Peter caminó hacia ella para saludarla, impecablemente vestido con un elegante traje gris plateado a rayas, la tensión nerviosa hizo que Lali empezara a soltar su discurso a borbotones.
—Quería llamarte por teléfono para preguntarte qué estaba pasando con Daniela, pero supuse que tendríais muchas cosas que solucionar entre vosotros y decidí esperar un día o dos. Pero cuando enviaste el broche...
—¿Te ha gustado? —la interrumpió él con voz suave.
Lali entrelazó los dedos mientras buscaba las palabras adecuadas.
—Mucho... Quiero decir, es precioso. Pero...
—Me alegro de que te guste. Lo pasamos muy bien juntos, y mis genes italianos e irlandeses me hacen ser bastante sentimental —su tono profundo y reposado no podría haber ofrecido un contraste más cínico con lo que afirmaba—. Me gusta despedirme con estilo. Por favor, no intentes devolver el regalo.
El shock dejó sin aire a Lali. ¿Despedirse con estilo? No movió un solo músculo, pues no confiaba en sí misma para ocultar su dolor. El día de las carreras no había sabido si Peter tenía pensado o no volver a verla. Pero cuando recibió el broche de diamantes y esmeraldas se había convencido de que sus temores eran infundados. No se le había pasado por la cabeza que un hombre eligiera un regalo semejante para ponerle fin a una aventura. Pudo sentir cómo la sangre se le helaba en las venas. Era como si se hubiese despertado a la fuerza de un sueño y se encontrara caminando por la cuerda floja, teniéndole pánico a las alturas. Y, lo peor de todo, no estaba en absoluto preparada para la fuerza de su propia reacción.
—¿Daniela...? —en el vibrante silencio que siguió, Lali pronunció el nombre de la joven como si fuera un salvavidas al que aferrarse.
Los espectaculares ojos verdes de Peter se posaron en ella con expresión impasible y distante.
❤️ Más nove
ReplyDeletenoooo sabia que algo iva a pasar, mas
ReplyDelete