Sunday, October 11, 2015

capitulo 98

—Le he permitido faltar los últimos días del curso. En cualquier caso, el colegio no quiere que vuelva. Es disléxica y ha aceptado recibir ayuda especial. Le he dicho que buscaré las posibilidades que haya por aquí cerca y que tomaré una decisión al final del verano. Pero no le he prometido nada.
Lali forzó una valiente sonrisa.
—Me parece muy bien... Estáis hablando entre vosotros y lo estáis solucionando todo. Me alegro por ello, pero me sorprende que no me haya llamado ni haya venido a ver los caballos. Aunque supongo que estará muy ocupada en estos momentos.
—Es posible —murmuró él, asaltado por un débil regocijo. Era consciente de que su hermanastra estaba muy decepcionada con Lali y de que le hablaría con franqueza cuando hubiese superado su fase actual de malhumor.
—¿Te he hablado de la inauguración de la tienda que tengo prevista para el próximo fin de semana?
—No sabía que tuvieras previsto abrir una tienda.
—Dijiste que no te interesaban los detalles. Pero en el futuro lo pondré todo por escrito para asegurarme de que estés bien informado —declaró ella animadamente, e intentó mantener el buen humor mientras le hablaba de la gincana—. Servirá para hacer publicidad.
—¿De verdad piensas que seguirás viviendo en Ballyflynn dentro de un año?
El tono seco y escéptico con que formuló la pregunta hizo que las pálidas mejillas de Lali se cubrieran de color. La aparente convicción de Peter de que las cuadras se hundirían antes de doce meses era el insulto definitivo.
—Sé muy bien que la mayoría de los negocios nuevos van a la quiebra el primer año, pero el mío no será uno de ellos. La tienda sólo venderá artículos de primera necesidad, pero debería proporcionar las suficientes ganancias para cubrir los gastos, y además servirá para atraer a los clientes. Tal vez no te hayas dado cuenta, pero cuando me ofreciste aquel magnífico establo georgiano como base, y un mozo residente, me diste una oportunidad inmejorable para salir adelante.
El teléfono que había sobre el escritorio empezó a sonar.
—Dile a Daniela que me llame cuando pueda —le pidió Lali, y se dio la vuelta para marcharse. Se sentía como si hubiera soportado diez asaltos en un ring con un peso pesado.
Peter ignoró el teléfono y fue a abrirle la puerta, preguntándose por qué seguía teniendo con ella mejores modales de los que nunca había tenido con ninguna otra mujer. Y se preguntó también qué haría ella si él se aprovechaba del ferviente deseo que la había dominado días antes. Un deseo que había sido algo completamente nuevo para Lali. El amor verdadero contra la pasión sexual. Peter no estaba convencido de que ella fuese lo bastante fuerte para resistir la tentación. En esas circunstancias, Valente no habría dudado en jugar sucio. Pero a Peter lo sorprendió descubrir que, a diferencia de su difunto padre, él sí tenía escrúpulos.
—¿Dónde está Tolly? —preguntó ella, sintiendo la necesidad de romper el silencio mientras cruzaba el vestíbulo con pasos firmes y espalda erguida, intentando mantener su dignidad.
—Su hermano en Inglaterra se ha puesto enfermo. Se fue a verlo ayer.
Lali se subió al coche y se alejó sin mirar atrás ni montar un drama. Se sentía vacía y conmocionada, después del vuelco emocional que le había provocado Peter.

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