Friday, November 13, 2015

capitulo 26

Sin embargo, el hambre la hizo sucumbir a la primera tentación, la del desayuno que le habían subido sobre una bandeja, que el mayordomo le había colocado encima de la cama. Mientras comía, se tocó el lugar de la base del cráneo donde se había golpeado. Todavía le dolía un poco, pero después de una noche de sosegado descanso se sentía mucho mejor. En cuanto hubo desayunado, se dio una rápida ducha y se puso sus pantalones vaqueros y su camisa, ya limpios. Además, añadió a su atuendo un jersey de hombre que había encontrado entre las ropas que Ezio le había llevado.
Tras peinarse vigorosamente, bajó corriendo las escaleras. Encontró a Peter, paseando impacientemente por el vestíbulo. Solo con verlo, sintió que el aliento se le helaba en la garganta. Iba vestido con un elegante traje gris perla, que destacaba aún más su apostura y su piel bronceada. Su cabello negro brillaba bajo la luz que entraba por las ventanas y Lali sintió un irrefrenable deseo de tocarlo.
—No puedo dejar que me lleves de compras —le dijo, en cambio, con un hilo de voz.
Una curiosa expresión tensó los rasgos de Peter. Su fuerte mandíbula se tensó.
—Hoy necesito una distracción. Y tú eres esa distracción. Me estarás haciendo un favor.
Tan desconcertada se quedó Lali por aquellas palabras que estaba ya casi dentro de la limusina antes de que recordara que aún no había visto a su hijo.
—Solo dos minutos, Peter —dijo, pronunciando su nombre por primera vez, lo que la hizo sonrojarse ligeramente.
La niñera era una joven muy agradable que hasta llevaba uniforme. Parecía el tipo de niñera que se contrataría para cuidar de un príncipe. De hecho, el pequeño Tomas subido en un imponente carrito, podría haber aspirado a serlo de no haber sido por sus raídas ropitas.
—¿Satisfecha? —le preguntó Peter, mientras Lali entraba de nuevo en la limusina.
—Tomas parece estar muy contento...
—Deberías dejar de llamarlo Tommi y hacerlo por su nombre completo, Tomas —le dijo él, mientras Ezio se sentaba al lado del chófer.
—¿Por qué?
—Debes darle un nombre que le sirva también cuando sea adulto, no uno que lo haga parecer un caniche.
Lali se sonrojó, pero no dijo nada. Sentía la sensación de verse llevaba
por una fuerte personalidad en un viaje que no lograba entender.

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