Friday, November 13, 2015

capitulo 28

—No, no lo sabía —añadió ella—. De hecho, yo misma tardé bastante en darme cuenta de la situación.
—¿Qué ocurrió cuando por fin lo encontraste?
—Estaba viviendo en un apartamento muy elegante en Notting Hill. Yo llevaba a Tomas conmigo, dado que no tenía ningún otro sitio donde dejarlo.
Benjamin abrió la puerta...
—¿Y? —preguntó Peter, impaciente.
—Me dijo que tenía una visita y me metió rápidamente en la cocina. Cuando le dije que era el padre de mi hijo se puso hecho una furia. Entonces, apareció su novia... aquello fue peor aún que él me pegara porque sintió pena por mí. Aquel era su piso y decidió echar a Benjamin a la calle hasta que se serenara. Ella era muy sofisticada, mucho más mayor que yo, y no se sentía nada avergonzada por la situación. Incluso me preparó una taza de té mientras me decía que ir persiguiendo a Benjamin con un niño había sido una estupidez. Me dijo también que Benjamin había perdido la cabeza porque yo lo había acorralado cuando ella estaba en casa y que él solo había tratado de librarse de mí para que ella no descubriera que era el padre de mi hijo.
—Encantadora...
—Tenía razón —susurró Lali, mientras se secaba las lágrimas con la manga—. Yo solo estaba demasiado asustada de afrontar el hecho de que estaba completamente sola, así que me aferré al estúpido sueño de que todo cambiaría cuando él viera a... Tomas.
—No te has perdido nada —dijo Peter, mientras le levantaba el rostro para secarle las lágrimas con su propio pañuelo—. Tu hijo y tú tenéis suerte de haber podido escapar de un hombre que utiliza con tanta rapidez los puños en un momento de crisis.
Lali sintió la cálida mirada de Peter sobre ella. Al levantar los ojos, sintió que Benjamin desaparecía tan rápidamente de sus pensamientos como si no hubiera existido nunca. Peter estaba tan cerca de ella que casi no podía ni respirar. Bajó de nuevo los ojos y los centró sobre la sensual boca de su protector y, sin poder evitarlo, sacó ligeramente la lengua para humedecerse los resecos labios. Nunca en toda su vida se había sentido tan desesperada, tan ansiosa por sentir los labios de un hombre sobre los suyos. El deseo era casi insoportable.
—No serán mis puños lo que tengas que temer de mí —murmuró Peter, de repente—. Yo soy mucho más imaginativo, aunque probablemente también más peligroso...
«Por favor, por favor, bésame. No me importa», pensó Lali, sin poder
evitarlo. Entonces, el mágico momento se rompió cuando él se volvió para contestar el teléfono. Ni siquiera lo había oído sonar, tan fuerte había sido el contacto que se había producido entre ellos.

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