-¡Eso no es cierto! -gritó ella.
-¿Entonces por qué no lo invitas a venir aquí? Te prestaré el coche para que vayas a recogerlo- manifestó Peter con voz suave-. ¿O es que tampoco puedes hacer eso?
-No, porque él no está ahora en Londres.
-Pongo a tu disposición un helicóptero, un jet particular, toda una flotilla de automóviles... ¿aun así es inaccesible Benjamin? ¿Se hallará perdido en el Amazonas? -la contempló con suma dureza-. Y eso que es el hombre a quien amas y que estaba dispuesto a casarse contigo...
-Pues aunque no me creas, él existe -fue por su bolso y vació el contenido sobre la cama. De pronto, exclamó horrorizada-: ¡Había olvidado que me han robado mi bolso!
Todas las fotografías que tenía de él, sus cartas... Me he quedado sin nada.
-Tu actuación ha sido maravillosa, pero no me has convencido.
Lali se dirigió hacia la puerta.
-Me voy de aquí ahora mismo.
Una mano, tan fuerte como un garfio de acero, se extendió y la sujetó por la muñeca.
-¿Con qué dinero? El par de miles de libras esterlinas que producirá la venta de Ranbury, ya me imagino a dónde irá a parar: a las manos de cierta pareja de ancianos.
-Puedo ir a la beneficencia.
-No sabes hacer nada, y además, estás casada. Eres mí responsabilidad.
-¡Suéltame, me haces daño!
-Entonces, escúchame. Hace un año que fracasó el negocio de Adam en Sudáfrica, tú no sabías que él perdió hasta el último centavo?
-¿Todo? -casi chilló Lali.
-Hipotecó la casa para pagar sus deudas y poder mantenerse a flote engañándonos a todos -informó Peter sin ninguna piedad-. Así que no sólo no vales nada, sino que me has costado dinero. Con toda seguridad, Agustin irá a la iglesia a dar de rodillas gracias a Dios por haber sido desdeñado.
A Lali le pareció que eso era un castigo divino por haberse casado con Peter con tal de tener derecho a una herencia que había resultado ser inexistente. Ahora ella le debería mucho a Peter. ¿Qué haría para pagarle? Puesto que estaba concentrada en esos pensamientos, necesitó varios segundos para registrar el hecho de que Peter estaba desabrochándole la blusa, y su inmediato intentó de retirada sólo sirvió para que se le rompiese ésta, pues Peter no la soltó.
-Mira lo que me has hecho hacer -dijo él, casi con agrado.
-¿Qué... qué es lo que pretendes? -las manos de Lali emprendieron un frenético movimiento para volver a cerrar los botones de su ropa, y entonces él la miró con frialdad.
-Esa es una pregunta muy tonta, y tú no tienes nada de tonta, según creo. No eres la única que ha querido echarme el lazo, pero sí la que se llevó el premio.
-Es cuestión de opiniones -arguyó ella con enojo, mientras hacía que bajara las
manos hasta su cintura-. Lo mejor que puedes hacer ahora es calmarte...
-Lo estoy.
-Pero tú no me deseas.
aaaa porque peter es asi le deberia de creer no tratarla asi
ReplyDeleteel siguiente =)
ReplyDeletemasssss
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