Friday, September 11, 2015

capitulo 40

Lali negó con la cabeza y continuó su camino hacia el dormitorio de Peter. La négligé que se encontraba sobre la cama, le pareció un aviso de su condena a muerte. Abrió una de las puertas del armario y se sorprendió mucho al encontrar una gran variedad de ropa femenina, pues nada de eso era suyo. Muy enfadada, cerró la puerta de golpe. ¡Se notaba que la última ocupante tenía demasiada prisa de irse! Debió de haberse llevado un sustancial cheque que la compensara por la pérdida de su vestuario.
Lali entró en el cuarto de baño para lavarse los dientes y vio que la habitación estaba provista de jacuzzi y muchos espejos. Al terminar, apagó la luz, se dirigió al dormitorio y se metió en la cama.
¡Una cama de agua! Bueno, ¿pero qué esperaba? La gente no suele divertirse en camas de clavos como las de los faquires. Los ojos se le llenaron de lágrimas, ¿pero qué sentido tenía que pensara en Benjamin en esos momentos? Al saber lo que había sucedido, se sentiría enojado y dolido, ya que él esperaba ser su primer amante. Apretó los puños a causa de la impotencia que sentía, y ese simple movimiento fue suficiente para que la cama se moviera, lo que la hizo enojar aún más.
La única ópción que le quedaba era encontrar un trabajo y empezar a pagarle a Peter el dinero que le debía. Entonces sí podría lograr su independencia.
-¿Y a pesar de los esfuerzos de Thompson no te lo vas a comer? -se quejó Peter cuando ella dejó a un lado su plato casi sin haber comido.
Lali miró la superficie de madera de palo de rosa de la mesa. Cuando Peter llegó de madrugada, tuvo la audacia de despertarla y... Por eso no era de extrañar que hasta hubiese perdido su saludable apetito.
-Nunca te perdonaré. ¿Me escuchas Peter? -musitó iracunda-. Nunca.
Él parecía demasiado espabilado y vital para ser alguien que casi no había dormido.
-Tu modo de ser me gusta -dijo Peter-. Excepto cuando te dedicas a derramar lágrimas dentro de las tazas de café. Cuando pienso en las veces que he anhelado tener una compañera que desayune conmigo sin charlar incesantemente...
-¡Tú eres quien debería callarse! -un primitivo enojo afloró en ella, ante el recuerdo de las otras mujeres que habían compartido con él esa misma mesa.
-Yo no te violé.
-No, pero me sedujiste -si en realidad él la hubiese violado, sería una mártir, mientras que, al tomar parte activa en el acto, las cosas tomaban un aspecto muy diferente.
Su explicación por haber llegado tan tarde la noche anterior, fue que había hecho un largo recorrido en coche. Por supuesto que ella no le creyó, pues no era estúpida, pero no quiso hacer ninguna pregunta.
-No me gusta la ropa que te has puesto -indicó Peter con suavidad-. Recuerdo que cuando la Cenicienta por fin consiguió a su Príncipe Azul, no se le ocurrió ponerse unos
vaqueros. Ponte algo de lo que está incluido en el nuevo guardarropa que adquirí para ti. Iba a ser una sorpresa, pero anoche no pude decírtelo.

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