Saturday, September 12, 2015

capitulo 43

A plena luz del día, el vecindario donde vivía Benjamin no tenía una apariencia tan terrible como por la noche. Lali vio a muchos niños jugando en la calle y a varias amas de casa que caminaban llevando la bolsa de la compra. Trató de no mirar hacia el lugar donde fue atacada y se dirigió a toda prisa hacia el apartamento de Benjamin.
Después de su primera llamada a la puerta, escuchó voces dentro del apartamento, pero transcurrió un par de minutos antes de que la puerta se abriese.
-¡Vaya, otra vez usted!
Lali emitió un jadeo de sorpresa al ver a la curvilínea rubia que la contemplaba enojada, y durante un momento pensó que se había equivocado de apartamento.
-Benjamin... -empezó a decir-. Creí que...
-Mira, ricura, yo diría que una de las dos está de sobra aquí -agitó la rubia cabeza-. Benjamin, te buscan.
-¿Es usted hermana de Benjamin? -preguntó Lali, a la vez que miraba el vaporoso camisón corto de la mujer, que tenía el aspecto de acabar de levantarse de la cama.
-¡Cielos, eso sí que es gracioso! -exclamó la rubia entre fuertes risotadas. Entonces, tras ella apareció un rostro más familiar.
-¿Quién es, Eugue? -preguntó Benjamin molesto, y en su instante vio a Lali-. ¿Lali? -frunció el ceño y escudriñó a la esbelta y rígida chica-. Casi no te he reconocido -dijo con un tono que era casi de acusación-. ¿Qué haces aquí?
-¡Os dejo solos, querido! -exclamó Eugue con una sonrisa de satisfacción.
-¡Dios mío! -exclamó Benjamin al comprender las consecuencias de esa inesperada visita-. No sé qué decir -musitó al desviar la mirada.
-Tú amiga ya lo ha dicho todo -Lali sentía un extraño zumbido en los oídos que no la dejaba pensar con claridad, pero alzó la barbilla-. Espero que seas muy feliz... con tu Eugue. Pero deberías haberme escrito para comunicarme que tenías a alguien más.
Lo veía diferente, como si el tiempo la hubiese hecho olvidar sus imperfecciones. Con sus tacones altos, ahora ella quedaba a la misma altura que él, pero Benjamin tenía la cabeza baja y no quería mirarla a los ojos, pues no sabía qué decir al haber sido sorprendido en flagrante delito.
-Tengo derecho a mi libertad -dijo bruscamente-. Tú no comprendes. Para un hombre es diferente y, además, nosotros no estamos casados. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Esperarte veinte años más? ¿Lali? ¡Lali!
Pero ella, sorda a las frenéticas llamadas iba hacia el ascensor. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero sobre su semblante tenía un rígido control. Todos los sueños que la habían hecho sentirse feliz durante la larga enfermedad de Adam le parecían en esos momentos basura. ¿Cuánto tiempo llevaría él solo en ese apartamento? ¿Lo habría compartido alguna vez con su familia? La ironía del caso era que Eugue pertenecía a la clase de exuberantes y sensuales mujeres que Benjamin siempre
había dicho que no le gustaban.

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