Ella se sintió asqueada por ser objeto de lástima para Peter. Siempre parecía haberlo sido, desde la niñez hasta la edad adulta.
-Fuiste muy amable -concedió cortante.
-¿Y cómo ibas a vivir cuando él muriese? -quiso saber Peter-. Ibas a convertirte en una solterona amargada. Sin embargo, creo que aquel día sembré en él la semilla de la culpa, pues cambió su testamento a favor tuyo. Entonces, cuando perdió todo su dinero, decidió que Agustin se lo tendría merecido si se casaba contigo pensando que eras heredera de una cuantiosa fortuna. Si te hubieras casado con él, Coverdale habría tardado meses, no días, en descubrir que no existía ninguna herencia que entregar.
A Lali le dolió ser considerada una posible solterona, así como también el hecho de enterarse de que si Peter había asistido al funeral, era porque en su arrogancia iba dispuesto a desempeñar el doble papel de Santa Claus y de Pigmalión.
-¿Te imaginas la clase de vida que me iba a dar Agustin cuando se enterara de que yo no iba a recibir ningún dinero?
Peter retiró la carta de las apretadas manos de ella y la metió en el bolsillo trasero de sus pantalones.
-No lo sé. Quizá él hubiera sido mejor que yo -esas palabras reforzaron la convicción de Lali de que el comportamiento de él se debía a sus sentimientos de culpa-. Pero olvídalo. Eso ya se acabó.
Por desgracia, esa carta había llegado demasiado tarde para salvarIos a ellos.
-Pensé que ahora estarías con Mei Ling.
-¿Te habría molestado que así fuese?
-¡Sí! -exclamo Lali furiosa, al detenerse-. La promiscuidad es ofensiva.
Peter la acercó a él con sus poderosas manos.
-¿Sólo lo dices por eso?
-Es una situación muy incómoda.
-¿Incómoda? -de pronto, Peter empezó a reír y después tomó la tierna boca de ella con furor. Lali correspondió a sus besos con ansiedad, mientras sentía que una de las manos de él se introducía bajo el suéter y entreabría el vestido para posarse sobre uno de sus senos. Las piernas se le debilitaron y amenazaron con no sostenerla, por lo que se apoyó contra el musculoso cuerpo de Peter.
De súbito, él se separó de ella, quien perdió el equilibrio y cayó, sobre la gris arena volcánica.
-Puedo conseguir el sexo en cualquier otra parte -declaró Peter con áspera crueldad-. No lo necesito de ti, Lali.
Giró sobre sus talones y se alejó a toda prisa, dejándola a ella angustiada y furiosa. Casi le gritó que no se fuera, pero vio la inutilidad de su intento. Hundió un puño en la arena y maldijo a Peter por haberse convertido, demasiado tarde, en un
caballero.
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