Salieron del ascensor y sintió una corriente de aire frío. Una pareja de jubilados que vivía en al apartamento situado bajo el de Rocio los contemplaba sin poder creer lo que veían sus ojos.
-Peter -sollozó ella-. ¿Cómo has podido hacerme esto?
Sin contestarle, Peter la dejó sobre el asiento trasero de su Rolls y se instaló a su lado. Lali guardó silencio hasta que el sonriente chofer cerró la puerta.
-Has recibido tu merecido -contestó Peter mientras extendía sus largas y esbeltas piernas con insolente relajamiento-, así que deja de armar tanto alboroto. Te compraré algo para que te lo pongas.
-¿Y dónde me voy a vestir? -preguntó ella furiosa.
-Ah, mi pequeña pudorosa -dijo Peter y levantó el auricular para comunicarse con su chofer.
-Te has vuelto loco -impotente, Lali se echó para atrás un mechón que tenía sobre la frente-. ¿Cómo te atreves a decirme que me calle?
-Debí habértelo dicho hace mucho.
El resto de las recriminaciones de ella fueron recibidas en silencio. Cuando por fin se quedó sin ánimos, Peter se inclinó hacia adelante y abrió el bar para sacar un vaso y un frasco de lo que parecía zumo de naranja fresco.
-Con los saludos de Thompson. Dice que la vitamina C es buena para ti. Pero a mí me parece que no necesitas más energía.
-Él lo dijo por el niño -Lali cogió el vaso con mano temblorosa.
-Anoche lo envié a la casa para que tenga todo preparado. Una vez que te encuentres instalada, te sentirás muy a gusto allí. Además, no estaré contigo todo el tiempo.
Su voz sonaba tan fría y falta de interés que a ella los ojos se le llenaron de lágrimas. Claro que no estaría con ella todo el tiempo. Viajaría por todo el mundo en compañía de mujeres hermosas y Lali se enteraría por los periódicos.
El coche se detuvo y Peter salió; al volver, llevaba varios paquetes.
-Podremos detenernos una vez que salgamos de la ciudad.
-No me quedará bien nada -vaticinó ella.
-He ido a una tienda de premamá. Las empleadas fueron muy amables.
-Ya me imagino -comentó mientras examinaba el contenido de los paquetes.
-¿Cuándo llegará? -preguntó Peter aclarándose la garganta.
-¿Quién?
-El niño -contestó él con impaciencia.
-Lo siento. Dentro de tres semanas.
-¿Qué quieres que sea?
-A Dios no se le pueden dar órdenes.
tobillos de ella.
-Está hinchado, como tus dedos. ¿Es normal?
-Supongo que es a causa del calor.
necesito mas
ReplyDeleteMassss
ReplyDeleteEsta nove es una adición!
otrooooooo
ReplyDelete