Saturday, October 10, 2015

capitulo 83

—¡Pero cuando me conociste llevaba puesto un pijama de flores! —le recordó ella.
—Sí, unas flores que se ceñían a los lugares adecuados. Tenías un aspecto increíblemente sexy. Nada más verte, me volví loco de deseo.
Le pasó la punta del dedo índice entre los pechos. Con la piel ultrasensible a su tacto, Lali dio un respingo, como si unos cables ardientes se hubieran tensado en su interior.
Se encontró con la mirada de aquellos ojos verdes y resplandecientes, enmarcados por espesas pestañas negras, y el corazón le dio un vuelco. Él se removió contra ella, haciendo gala de una agilidad y seguridad asombrosas, y Lali quedó convencida de que era un hombre que jamás había dudado de sí mismo. Sabía exactamente lo que hacía, adonde se dirigía y lo que quería. Era fascinante.
—¿Y Mary? —le preguntó de repente, aunque no había sido su intención ser tan indiscreta.
—Eso ha terminado, pero nada tiene que ver contigo —dijo él, mirándola con ojos sagaces—. No vayas a cargarte con esa responsabilidad. Eres demasiado vulnerable.
—Soy mucho más dura de lo que parezco...
—La cerdita que gobierna en tu cocina no opina igual que tú.
Riendo, Lali cedió a la tentación y volvió a tirar de él hacia ella. No podía saciarse de aquella boca experta y extraordinaria, que parecía trazar la forma de su corazón escondido con una habilidad erótica que la seducía por completo. Dejó de hablar y reír, sacudida por una necesidad más apremiante y salvaje, y entre jadeos y gemidos ahogados intentó reunir fuerzas para tomar aire.
—Por favor...
Entonces, cuando la escalada de placer había alcanzado un límite insostenible, él se colocó sobre ella y se hundió en las profundidades de su calor femenino. Una ola de placer abrasador rugió en el interior de Lali. El poderoso miembro de Peter se quedó quieto y rígido un instante, como la viva imagen del erotismo. Acarició las enrojecidas caderas de Lali con pericia y maestría, mientras con la punta de la lengua se introducía en la húmeda invitación de su boca.
—Parece que estás hecha para mí, a mhilis —murmuró Peter con un gruñido de satisfacción.
Era un amante portentoso. Su ritmo se adecuaba perfectamente a las necesidades más profundas de Lali, que sentía cómo la excitación y un torrente de sensaciones exquisitas la anegaban por entero, sumiéndola en la dulce y tormentosa marea de placer interminable. Y cuando finalmente alcanzó la cúspide, dejó escapar un grito de éxtasis y se zambulló sin reservas en la inmensidad del clímax. Las convulsiones le recorrieron el cuerpo, y fueron debilitándose lentamente a medida que caía en una deliciosa sensación de abandono.
De repente, y por primera vez en su vida, comprendió por qué el mundo en el que vivía estaba tan obsesionado con el sexo. El sexo estaba en todas partes, pensó medio aturdida, en revistas y películas... Un tema picante de discusión que nunca le había interesado. Nunca en su vida había hablado de sexo. Había hecho lo posible por ocultar su mojigatería mientras por dentro se preguntaba de qué iría todo aquello. Sólo ahora podía apreciar que no había conocido la verdadera pasión hasta que
Peter se la había mostrado. La verdadera satisfacción se le había escapado hasta ese instante de gloria infinita y maravillosa liberación que había surgido desde los confines más terrenales de su cuerpo. Nunca había sospechado que le quedara nada por descubrir. ¿Cómo podría haberse imaginado que una dimensión totalmente nueva aguardaba a ser explorada si nunca había experimentado la verdad por ella misma?

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