Wednesday, January 6, 2016
capitulo 56
Peter se aproximo a ella con una sonrisa ancha. Llevaba un par de vaqueros
gastados y transformados en pantalones cortos, y el pecho desnudo. Su aspecto
era irresistible, pero la sonrisa era lo que más seducía a Lali.
Por un momento pareció tener un aire juvenil y vulnerable, pero luego dejó paso
a una mirada más profunda, por el
que cualquier mujer se hubiese rendido a sus pies.
- Te queda bien el blanco – le dijo mirando la ropa de Lali y sentándose en la
arena.
- Iba de blanco el día que nos conocimos – no supo por qué se lo dijo, en
realidad se le había escapado.
- Sí – contestó Peter tenso, y levantó el sacacorchos.
No quería hablar del pasado. Era evidente. Pero ella, sin querer, ignoró su
incomodidad.
- ¿Te has tomado una gran molestia viniendo hasta aquí para estar conmigo, no?
- ¿Sí? Dame tu vaso.
Lali alzó los dos vasos, y centró su atención en la boca sensual de Peter mientras
éste servía el vino.
Tenía la sensación de que cuanto más cerca estaban, él más se alejaba de ella,
poniendo una distancia casi invisible, como si no confiara en ella. ¿Y por qué iba a
confiar en ella? Al fin y al cabo, él pensaba que ella aún suspiraba por Benjamin.
¿Por qué no le había dicho la verdad aún? ¿Por orgullo? ¿Por ego? ¿O porque la
existencia de Benjamin lo había llevado a querer a demostrarle que era su verdadera
esposa? Peter era muy competitivo, posesivo, defendía su territorio. La había
mantenido atrapada como a una mariposa, a quien había impedido el vuelo durante
cinco años, pero en el momento en que ella había podido escaparse y levantar sola
el vuelo sin previo aviso, había querido establecer un desafío. No había podido
soportarlo. Y si le contaba la verdad, ¿perdería Peter su interés en ella? De pronto
Lali se sintió incómoda ante esa realidad. No le parecía muy conveniente jugar con
una persona como Peter.
- Esto es para ti – le dijo él extendiéndole una caja ante sus ojos.
Cuando la abrió le encandiló el brillo del zafiro y el diamante que formaban el
hermoso anillo.
- Es exquisito – atinó a decir ella, con cierta timidez, y luego por fin, se atrevió a
mirarlo.
- Es un anillo para la eternidad...
- Sí, lo sé – dijo ella haciendo esfuerzos por no llorar de emoción.
- ¿Por qué estás tan impresionada? Es un regalo simplemente. Bebe tu vino
antes de que se caliente – la incitó Peter.
Él sabía perfectamente por qué ella estaba tan asombrada. Peter jamás le había
comprado un regalo. Nunca le había dado más que dinero. Incluso en las Navidades
y cumpleaños no le había regalado más que dinero. Había ingresado cuantiosas
sumas en su cuenta, pero jamás le había dado nada para desenvolver. Y todas las
joyas se las había comprado ella. Muchas veces en las cenas que preparaba, le
preguntaban por alguna pieza especialmente bonita, y ella decía que Peter se la había
regalado, pensando en que efectivamente el dinero era de Peter, pero sabiendo que
no era del todo cierto lo que decía. Y el recuerdo amargo de otro tiempo en ese
momento le dio ganas de llorar.
- No lo quieres – afirmó él con una actitud hostil, que la sorprendió.
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