Saturday, December 19, 2015
capitulo 46
— La vista es magnífica —declaró Lali.
— Pero estamos lejos de todo. Este valle es muy aislado. En invierno, la
carretera es intransitable. El castillo está a horas de la ciudad más próxima.
Los criados viven aquí.
Sorprendida con la información dada por él gratuitamente, Lali
concluyó que el placer de su marido era inmenso por haber vuelto a su hogar.
Obviamente Peter estaba orgulloso del castillo y de la asociación del mismo
con la historia de Sicilia. Y se olvidaba que aquellos muros grises y torres
escarpadas eran aterradores.
La limusina pasó por un inmenso portón y después entró en un patio
encantador, ornamentado con urnas llenas de flores.
— ¡Que lindo! —Lali exclamó, descendiendo del coche.
— Es una pena que el castillo no esté cerca de lugares con vida nocturna
y tiendas, como las calles de Paris ó Londres.
— Concuerdo, pero para relajarse este lugar es maravilloso.
— Espero que te guste.
Lali estaba aliviada porque Peter al fin conversó con ella. Orgullosa
como era, creía que debería mantenerse fría, pero lo amaba mucho para eso.
Reconocía que Peter tenía razón en estar enojado por haberle negado la
existencia de su hija, y rezaba para que hiciesen las paces pronto. Tenía la
esperanza que, si estaban juntos durante algunos días, podrían reconstruir una
firme amistad para el futuro.
— Adoro la vida del campo —ella confesó.
Peter sonrió irónicamente.
— ¿Aún en invierno?
Pero no estaría allí en invierno, casi dijo Lali.
Una mujer toda vestida de negro apareció, y le fue presentada como el
ama de llaves de la casa.
Maria no hablaba una palabra de inglés, pero la saludó cortésmente.
— Preciso aprender italiano. —Lali sonrió.
— Vas a aprender fácilmente —Peter le aseguró.
Lali resolvió creer que él se portaría como un marido dedicado. De
cualquier modo, Alegra sería infeliz si sintiese que sus padres no se llevaban
bien.
— Maria te llevará al cuarto —le comunicó Peter. — Cenamos a las
nueve.
Una magnífica escalinata de mármol conducía al segundo piso. Para
donde quisiera que Lali mirara, había evidencias que el castillo fue
modernizado por las generaciones que siguieron. Siguió a Maria que abrió la
puerta de un enorme cuarto con muebles del siglo XVIII. Un baño, igualmente
lujoso, se comunicaba con el cuarto.
Tan pronto se quedó sola, Lali examinó todo, constatando que Peter
no pretendía compartir el cuarto con ella.
Se sintió desilusionada.
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