—¿Tiene alguna idea de dónde puede estar? ¿O cómo puedo ponerme en contacto con ella?
—Sí, claro. Trabaja al final de la calle, en la biblioteca. ¿Sabe dónde está?
Peter pestañeó.
—¿En la biblioteca? —preguntó.
Lali había dicho que era compradora. ¿Qué diablos estaba haciendo en la biblioteca?
—Sí —respondió la mujer—. Tiene que estar allí. A no ser que haya salido a comer.
Peter miró el reloj. Eran las diez de la mañana, muy temprano para comer. Bien, entonces quizás pudiera encontrarla, pensó Peter.
—Gracias —agradeció Peter a la mujer.
Y bajó las escaleras deprisa.
Caminó varias manzanas hasta la biblioteca de Georgetown.
Ahora que lo pensaba, aquella mañana que había visto a Lali, ella estaba bajando las escaleras de la biblioteca.
No sabía muy bien qué sucedía, pero le daba igual.
Lo importante era encontrar a Lali y decirle lo que sentía.
Le llevó cinco minutos llegar al edificio colonial de ladrillo rojo.
Subió la escalinata de la entrada y abrió la puerta, cediendo el paso a otro usuario primero.
El silencio era ensordecedor. Él estaba acostumbrado al ruido del Hot Spot. E incluso cuando trabajaba en la oficina solía poner música de fondo.
Pero aquélla era la quietud que sólo experimentaba los treinta primeros segundos después de llegar a casa, o cuando llegaba al bar.
Se quedó de pie mirando a los estantes de libros: filas y filas de libros. Había gente leyendo en mesas de cuatro y seis sillas.
Al fondo había un escritorio circular y una bibliotecaria detrás de él. Una bibliotecaria que no era Lali.
Era una mujer morena, de mediana edad. Llevaba un suéter azul claro encima de una blusa floreada. Fingía estar ocupada mientras lo observaba a través de sus grandes gafas.
Peter se acercó al mostrador.
—¿En qué puedo ayudarlo? —preguntó la mujer con una sonrisa.
—Sí… Tengo que hablar con una persona… Y me han dicho que podría estar aquí. Su nombre es Lali Esposito. Tiene un cabello castaño muy bonito que le cae sobre los hombros formando ondas. En pocas palabras, está muy buena… ¿Trabaja aquí por casualidad?
La mujer abrió mucho los ojos.
Otroo otrooo otroo
ReplyDeleteMasss me mueroo
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